Un poco de mal entendido, otro poco de falsa ingenuidad, mucho deprotocolo y una inter-na que parece despiadada y hasta involucra a las familiasde ambos. Ese es el cuadro que presentaba ayer el conflicto que se desató entreFernando de la Rúa y Raúl Alfonsín a partir de las declaraciones del expresidente sobre la posibilidad -o falta de ella-de no pagar la «deuda externa»y los reproches presidenciales por los efectos de esos dichos.
De la Rúa recomendó a su secretario privado Ricardo Ostuni la tarea deresponder a la irritada conferencia de prensa que ofreció Alfonsín el domingopor la tarde, mientras se jugaban los partidos de fútbol habituales (ya sevuelve llamativo el afán de los radicales por competir con ese espectáculodeportivo hablando sobre pujas políticas).
Ostuni aplicó toda su capacidad para llevar al lenguaje hasta el límite-es poeta, finalmentepara exculpar a su jefe De la Rúa y a Alfonsín, al mismotiempo. Del presidente del radicalismo dijo que su deseo de no pagar la deudapor dos años es equivalente a cuando «el Presidente dice: 'Qué lindo sería nohaber recibido el país con
10.000 millones de pesos de déficit'». Es curioso que Ostuni ignore queel pasado es inflexible, a diferencia del futuro (salvo que se trate de unfatalista extremo, cosa que no revela en su literatura). En otras palabras:cuando Alfonsín dice que sería lindo no pagar la deuda, insinúa un deseo y -talvez-un propósito. En cambio la añoranza de De la Rúa sobre un pasado que no fuees absolutamente ociosa. En rigor, el secretario privado quería exculpar a susuperior del cargo de no permitir el debate que le formuló Alfonsín. El jefedel radicalismo comparó al Presidente con el líder austríaco Georg Haider(conviene recordar que por haber puesto en tela de juicio que Haider fuera nazi-como más tarde haría un comité de sabios de la Unión Europea-fue suspendidopor De la Rúa como embajador en Austria Juan Carlos Kreckler, hermano de«Cucurucho» Kreckler, quien actualmente organiza viajes de empresarios para laCancillería). Pero Ostuni insistió en que no debe tomarse en cuenta la primeraparte de la frase del Presidente -«hay temas que mejor no tocar»- sino lasegunda -«o hay que hacerlo con mucho cuidado para evitar malasinter-pretaciones»-.
Más sinceros -también más impulsivos-que el culterano Ostuni estuvieronlos hijos de Alfonsín. El carnal, Ricardo, y el ideológico y político, Leopoldo(Moreau). El diputado Ricardo Alfonsín se quejó del diario «La Nación»(conducido por hijos de otro radical, el fallecido Julio Saguier, ex intendentede Alfonsín) por haber tergiversado las palabras de su padre. «El diario notiene excusa, no puede dar ninguna explicación», señaló. También se confesóirritado con José Luis Machinea por haber contestado declaraciones de Alfonsíncuando «podría haberlo llamado por teléfono para averiguar» qué había dicho.Peligrosa excomunión de Machinea la que se produjo en la casa del expresidente, donde ayer se comentó: «Ese -por el ministrotodavía no se diocuenta de que está ahí porque nosotros lo sostenemos, ¿o se cree que estáporque lo quiere el mercado?».
Teléfonos
Ricardo Alfonsín no fue ayer hasta el límite de echarle en cara tambiéna De la Rúa no haber hablado con su padre en privado antes de contradecirlo enpúblico. Excusó al Presidente en que «estaba en Bolivia», lo que puede parecerun involuntario desdén hacia el país hermano ya que deja la impresión de queallí no hay teléfonos (si ignoran que desde Bolivia se puede hablar a lo deAlfonsín como desde Olivos, se explica la dificultad de algunos radicales paracomprender el comportamiento de los mercados, tan ligado al desarrollo de lascomunicaciones).
Sin embargo, la intervención más curiosa que produjo ayer el hijo deAlfonsín fue referida a Antonio de la Rúa, hijo del Presidente. Sucede quehasta la actual experiencia con el poder, los radicales eran muy reacios ainvolucrarse familiarmente en contradicciones o internas. Pero ayer el hijo deAlfonsín se comparó con su antecesor (en el carácter de vástago de unmandatario) atestiguando que se puede tener bajo perfil aun cuando el padreejerza la primera magistratura. «Yo no era novio de Shakira; tengo mi mujer, minovia era una mujer sencilla de pueblo, entonces, nadie la perseguía.» Eso sí,el hijo de Alfonsín, aclaró que no le imputa al hijo de De la Rúa (lo llamó«Antonito») tener una novia famosa.
Moreau, en cambio, se mantuvo al margen de este conflicto de filiaciones(da la impresión de que Antonio De la Rúa molestó en algún momento a losAlfonsín con alguna referencia personal o íntima) y dijo que «todo esto tieneuna exageradí-sima repercusión, que se la atribuyo a una deliberada intenciónde crear sensación de inestabilidad». El «Marciano» volvió a denunciar ayer,como casi todos los días, una conspiración que él entiende así: «Nada tiene quever con los dichos de Alfonsín ni con los de Fernando de la Rúa sino que tieneque ver con una campaña de manera persistente que se ha lanzado en este país, apartir de que asumió la Alianza, y que tiene como objetivo concreto o provocaruna devaluación o una dolarización».




Dejá tu comentario