El juicio a Moliné pasa a 2004 (con nuevo Senado)
El gobierno tendrá que esperar hasta el año que viene para lograr la destitución de Eduardo Moliné O'Connor. Ayer, la comisión que encabeza Cristina de Kirchner no pudo avanzar en la apertura a prueba pedida por la acusación de Diputados y la defensa, razón por la cual aún no empezó a correr el plazo de 30 días hábiles para ofrecer testimonios. Así, la definición del proceso se produciría hacia el 10 de diciembre, cuando asuman 24 nuevos senadores. Para no llevar al absurdo el ya muy cuestionado proceso, este tercio de flamantes jueces de Moliné deberá tomarse unos días para estudiar los tres expedientes. Si se guardan las formas mínimas, entonces, habrá que esperar a 2004.
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En ese aspecto, resulta sintomático que se apure el enjuiciamiento de Guillermo López -y con argumentos sustanciales de Falú (ver aparte)-, y, por si fuera poco, se deje trascender que sólo habrá otro magistrado en la picota a continuación de este último, otro delegado de la denominada «mayoría automática», Adolfo Vázquez, quien clausuraría la renovación de la Corte diseñada por la Casa de Gobierno.
Tal cual adelantó ayer este diario en exclusiva, los acusadores de la Cámara baja se presentaron ante la Corte para reclamar la nulidad de cualquier reclamo judicial de Moliné por decisiones del Congreso, las cuales -a ojos de Falú y compañía-no son revisables en estrados judiciales.
En el recurso de queja que inició la defensa para insistir en la recusación de Cristina de Kirchner, los 7 integrantes actuales del máximo tribunal entendieron que debían intervenir los conjueces sorteados. «No deben actuar como conjueces los presidentes de cámaras, sino abogados de la matrícula, dado que aquellos, objetivamente, carecen de independencia o imparcialidad plena para juzgar», denunciaron los diputados, exigiendo que -en todo caso-se diera traslado a una tercera Corte, animada por abogados notables, entre ellos, León Arsalanian,Alberto García Lema, Ricardo Gil Lavedra, Jorge Vanossi y otros 5 juristas propuestos por Eduardo Duhalde (y convalidados por el Senado) para instancias extraordinarias.
«(Los camaristas) no pueden ni deben ser jueces en un caso en el cual se dirime la remoción de uno de los integrantes» de la Corte porque «este último, como superior, puede aplicar una cuestión disciplinaria sobre quienes lo deben juzgar, lo que es inadmisible», en aplicación del caso Magariños (mediante una acordada, cuestionada en el juicio político, el máximo tribunal se atribuye facultades disciplinarias concurrentes con el Consejo de la Magistratura sobre los jueces menores).




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