El menemismo del Senado avanzó ayer en la formación de un virtual subloque, en disidencia de la política oficialista del bloque conducido por José Luis Gioja. «Yo no me siento representado por esta conducción», disparó anteayer Eduardo Menem, en plena sesión de catarsis doméstica y abrió la práctica de tiro a Gioja que podría derivar en un recambio de autoridades. El riojano no estuvo solo en la andanada de críticas. «No puede ser que acordemos algo en el bloque y se cambie sobre la marcha porque lo pide Eduardo Duhalde», siguió la salteña Sonia Escudero, en tren de acusaciones. Eduardo y Escudero que, obviamente, se reportan a la fórmula Carlos Menem-Juan Carlos Romero aprovecharon la habitual cita de bloque de los martes para ponerse al día con las facturas atrasadas.
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Muchos más -entre ellos, otro norteño, Marcelo López Arias, los pampeanos Carlos Verna y Carmen Gómez de Bertone-se acoplaron al coro, cuando se reprochó a Gioja haber incorporado -en acuerdo con la UCR, pero sin consulta suficiente entre la propia tropala aprobación del cronograma de comicios, la renuncia del designado presidente y la suspensión de las internas abiertas por única vez en la deliberación del jueves pasado. La cuestión quedó clavada en la espina de varios colegas. Por supuesto, se agravó el dolor por el tiempo transcurrido.
La noche previa a aquella sesión, el tema había quedado en suspenso hasta que se destrabara en la que debía ser la cámara iniciadora del paquete electoral. A diferencia de los radicales de Carlos Maestro, los correligionarios de Horacio Pernasetti condicionaron la votación a que el gobierno resolviera la situación de las ejecuciones extrabancarias. Es cierto que el Ejecutivo estaba en apuros y necesitaba una señal favorable al FMI y cumpliera, por lo menos, con una ratificación parlamentaria a medias del capítulo del pacto de Olivos que firmaron Nación y una veintena de gobernadores. Gioja, alentado por Alfredo Atanasof, le arrojó un salvavidas a la Casa Rosada, mientras se limaban asperezas con los diputados. En ese sentido, el jefe de la bancada respondió al gobierno y -según insistió- consultó en el interín con 24 senadores antes de bajar la ley de urnas al recinto. «¿Pero por qué no hiciste una reunión de bloque para que nos pusiéramos de acuerdo y listo?», machacó Menem, también molesto por la contratación de una consultora de origen manzanista que prometió mejorar la imagen del peronismo de la Cámara alta (el resultado hasta ahora ha sido paupérrimo).
El subloque en formación, al cual se sumarían los riojanos, Escudero, el correntino Angel Pardo, los pampeanos y otros legisladores que prefieren el bajo perfil (se menciona a los fueguinos Mario Daniele y Mabel Caparrós y hasta a la santiagueña María Elisa Castro), no tiene intención de romper con el PJ oficial, a diferencia de lo que hicieron los diputados de la flamante escudería Azul y Blanco, también alineados con Menem-Romero. Sin embargo, están dispuestos a endurecer posiciones y complicar cualquier votación clave en el Senado que necesite el duhaldismo.
Curiosamente, están en conversaciones más que reservadas con otros caciques que no simpatizan con el menemismo, pero que censuran a Gioja, por caso, el gastronómico Luis Barrionuevo. Este especialista en cajas está muy inquieto últimamente por una iniciativa que rehabilita el sistema de reparto en materia de jubilaciones. A este último grupo, se le adjudica haber elaborado una táctica que le permitiría al sanjuanino pedir una licencia para dedicarse a la campaña a la gobernación de su provincia, circunstancia en la cual -imaginan los complotadosasumiría el vice del bloque, el rionegrino Miguel Angel Pichetto, tras el elegante paso al costado del actual titular.
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