El obispo castrense Antonio Baseotto, a quien el gobierno desplazó de sus funciones sin base legal, fue recibido por Benedicto XVI, un día antes de que hiciera lo propio, ayer, con el embajador argentino Carlos Custer. Por más esfuerzos que hizo el gobierno para morigerar el efecto político, el mensaje es claro: el Vaticano respaldó una vez más a Baseotto y lo puso en la precedencia protocolar por encima del enviado diplomático de Kirchner. Pese a ello, el Presidente -que no escucha las homilías de Jorge Bergoglio, sobre quien consiente comentarios hirientes- se prepara para presidir actos del 25 de Mayo en Santiago del Estero con el obispo del ala progresista Juan Carlos Maccarone, otro de los derrotados en las elecciones que dieron por tierra con la fallida intervención Lanusse. Animará el cantor Pablo Milanés, que viaja de Cuba, país donde se espera todavía un 25 de Mayo.
La Santa Sede hizo una demostración de equilibrio extraordinario en la audiencia papal del miércoles de esta semana, en relación con el entredicho que mantiene con el gobierno de la Argentina. Benedicto XVI recibió ayer un saludo protocolar del embajador Carlos Custer pero un día antes se preocupó por fotografiarse con el obispo Antonio Baseotto. La recepción a Baseotto confirma la postura del papado en el conflicto desatado por el gobierno de Néstor Kirchner con motivo de la defensa de la despenalización del aborto y de la anticoncepción por parte del ministro de Salud Ginés González García. El gobierno suspendió a Baseotto en su condición de obispo castrense. Pero el Vaticano desconoció esa medida por «ilegal» y le siguió dando su apoyo al prelado.
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La presentación de Custer delante del Papa, ayer, va en línea con otros gestos -la participación en la coronación de Joseph Ratzinger, la visita a la tumba de Juan Pablo II, etc.- por los cuales Néstor Kirchner intentó ya moderar la pelea abierta con la curia romana. El embajador sindicalista entregó al Santo Padre una carta de Kirchner expresando la «firme voluntad de fortalecer las relaciones» entre el Vaticano y la Argentina, tras la polémica generada por la continuidad de monseñor Baseotto como obispo castrense. El Papa recibió a Custer junto a todos los demás integrantes del cuerpo diplomático acreditado junto a la Santa Sede.
El obispo Baseotto había participado en el Vaticano de la audiencia pública que brinda el Santo Padre todos los miércoles, tras la cual el obispo castrense al que le fue retirado el aval del gobierno argentino, participó del tradicional «besamano». El Papa alentó a Baseotto en su tarea pastoral y le pidió «que siga trabajando en la defensa de la vida», un aval en el marco del entredicho que mantuvo con el gobierno, que le retiró el apoyo a su designación como vicario castrense. Durante el encuentro, Baseotto le obsequió al Papa el libro «Jardín Cerrado: la Virgen en la Escritura y los Santos Padres» de Carlos Biestro.
Según el tratado firmado entre ambos Estados en 1957, El Vaticano debe elevar a consideración del Presidente argentino el nombre de un nuevo obispo, o en todo caso una terna, para que se le conceda el acuerdo. Sin embargo, en la Santa Sede nadie habla de nombrar a un obispo reemplazante de Baseotto. El entredicho se originó en una carta que Baseotto le envió al ministro de Salud, Ginez González García, por su postura sobre la despenalización del aborto y el reparto de preservativos, en la que citaba un pasaje bíblico que hablaba de «colgarles una piedra al cuello y arrojar al mar» a aquellos que escandalicen con sus dichos.
Por otra parte, Custer relató que su encuentro de ayer con el Santo Padre «fue un saludo individual en el que, con mucha calidez, le pude llevar en nombre del pueblo y el gobierno argentino el deseo del mejor pontificado y de reforzar al máximo las buenas relaciones que existen entre el Vaticano y la Argentina». El embajador contó que el Papa le transmitió en español «un saludo cordial a todo el pueblo argentino y su gobierno», en palabras que «realmente no parecían de compromiso».
Según un comunicado de prensa, el embajador argentino «le expresó los mejores deseos del pueblo y del gobierno de su país para que su pontificado sea existoso en la búsqueda de la paz, la justicia y la fraternidad entre los pueblos».
Durante su exposición ante los embajadores, Benedicto XVI reiteró «el compromiso de la Santa Sede con el valor de la paz», y destacó que «la paz se construye a través del diálogo, camino que permite superar todo tipo de conflictos».
Asimismo, señaló el compromiso de la Iglesia Católica «en proclamar y en defender los derechos humanos fundamentales», e hizo un llamado para que sean reconocidos a todas las personas el derecho a la vida, a la alimentación, a una vivienda, al trabajo, a la salud, a la protección de la familia y al desarrollo social.
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