El PJ quedó ayer al borde de volver a tener quórum propio en el Senado y fortaleció posiciones para negociar con el gobierno la sanción de leyes clave. En plena temporada preelectoral, la oposición se aseguró 35 votos propios, dos menos que los necesarios para sesionar en soledad, al asumir los reemplazantes de Alberto Rodríguez Saá y Carlos Sergnese, quienes renunciaron el 21 de marzo para desempeñar funciones en el gabinete de San Luis.
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Con la ayuda de sus socios en el recinto -Felipe Sapag (MPN), más Ruggero Preto y Marcelo Romero (MoPoF)-, el peronismo podrá deliberar sin la presencia de aliancistas hasta el 10 de diciembre, cuando la Cámara se renovará por completo.
En la víspera, prestaron jura-mento los puntanos Liliana Negre de Alonso y Héctor Torino, respectivos reemplazantes del hermano del gobernador y de Sergnese. Este último, que ayer se despidió del cargo parlamentario, asumirá como asesor del Ejecutivo provincial, en tanto que Rodríguez Saá ya ocupa la Jefatura de Gabinete (esta situación despertó una polémica con el radical Jorge Agúndez, quien reprochó que hubiera entrado en funciones antes de que el cuerpo tratara la dimisión).
De esta manera, el justicialismo logró recuperar parte del poder hegemónico que había acumulado a comienzos de la gestión delarruista con 38 representantes, más 3 aliados prácticamente incondicionales (2 fueguinos y un neuquino). A partir de la deserción del entrerriano Héctor Maya y el propio Rodríguez Saá, que formaron bloque aparte en sociedad con el santacruceño Daniel Varizat, se produjo una lenta sangría.
Casi en simultáneo, se agregó la fuga de los bonaerenses Antonio Cafiero y Jorge Villaverde, espantados por el affaire de las supuestas coimas. Aunque no se fusionaron, actuaron de acuerdo con el trío «rebelde».
Además de las eyecciones, hubo otras contingencias transitorias: un par de denuncias obligaron a sendas licencias escandalosas de Emilio Cantarero (Salta) y Jorge Massat (Santa Fe), mientras una enfermedad mortal mantuvo vacía durante varios meses la silla que ocupaba otro santafesino, Arturo Di Pietro, sustituido la semana pasada por Carlos «Chango» Funes. En ese lapso, el peronismo bajó a la mínima expresión de 31 legisladores y no pudo manejar a su antojo la llave del Senado. Negre de Alonso y Torino se reportaron el martes a la noche en el bloque para subrayar su filiación a José Luis Gioja y compañía. La indisciplina de Rodríguez Saá pudo hacer prever que sus herederos no acatarían a la cúpula de la bancada. Sergnese aprovechó la reunión a puertas cerradas para decir adiós con un emotivo speech que sorprendió a los presentes. A pesar de que nunca rompió filas con el PJ, el renunciante siguió durante su mandato una conducta sincronizada con Rodríguez Saá y muy crítica de las conducciones de Gioja y de su antecesor, Augusto Alasino. Como si se hubiera arrepentido de tanta protesta, se prodigó en buenos recuerdos.
Al final, lo aplaudieron. «No te preocupés, porque no te vamos a extrañar, especialmente porque San Luis nos mandó una senadora», bromeó Eduardo Bauzá. El jujeño Alberto Tell no quiso quedar afuera del gag y acotó: «La verdad es que nos están invadiendo las mujeres». «Váyanse acostumbrando», comentó la cordobesa Beatriz Raijer, hasta ahora única dama del bloque y entusiasta defensora del cupo femenino en la renovación del Senado. «A fin de año, vamos a ser muchas más», sonrió.
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