23 de febrero 2005 - 00:00

El Presidente sin culpas, pero su gobierno enormes

El Presidente sin culpas, pero su gobierno enormes
Es difícil saber, como sostiene Elisa Carrió, si con el escándalo de Ezeiza llega un «estallidodel Estado» como sucedió con la economía en diciembre de 2001 y antes con la política bajo aquel clamor «que se vayan todos».

Los detalles del contrabando descubierto de 60 kilos de cocaína enviados desde Ezeiza por la empresa Southern Winds rumbo a Madrid se van conociendo día a día. A la fecha, habría un panorama algo más claro y distinto, por ejemplo, del que quieren presentar los Maggio -propietarios de parte mayoritaria, se supone, de la compañía-, la izquierda ideologizada que, por su parte, busca centrar todo en la Fuerza Aérea, e inclusive distinto al del juez que antes opinaba que no tenía importancia que durante 4 meses y medio las máximas autoridades del país no hayan conocido el hecho y, en cambio, ahora está dispuesto a investigar a varios organismos del Estado que aparecen con complicidad. Cabe preguntarse si al estar involucrado tanto el Estado, organismos y funcionarios, no corresponde que actúe un juez federal.

Aunque nadie crea su afirmación acerca de que el Estado no tiene nada que ver con SW -no es cierto porque tiene enorme relación- comienza a aceptarse que el presidente Néstor Kirchner no tiene vinculación y que, efectivamente, ignoraba el hecho hasta hace pocos días a la par de varios de sus ministros como el de Defensa, José
Pampuro, el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, y aun el del Interior, Aníbal Fernández.

Lo que queda ratificado con este escándalo es que hay tres líneas que se combaten en el propio gobierno que sólo se unifican en acatar al matrimonio presidencial. El «estallido del Estado», de Carrió, podría venir por esta feroz puja.

Hay una serie de funcionarios, principal mente con rango de ministros, que se mueven en torno al Presidente y que desconocen -a veces totalmente-lo que hace otro grupo que son los llamados «pingüinos legítimos» caracterizados por haber desempeñado cargos en la provincia de Santa Cruz desde 1991 a 2003 en la gobernación de Kirchner. Estos desprecian a los primeros que no pueden esgrimir ese antecedente. Entre los ministros concentrados en manejar el país junto a Kirchner se encuentran principalmente el de Economía, Roberto Lavagna, los señalados Alberto y Aníbal Fernández, el secretario general de la Presidencia, Oscar Parrilli. La otra línea, «los pingüinos», la forman el secretario de Transporte, Ricardo Jaime (que logró posesionarse del cargo en detrimento de Hugo Moyano al asumir el nuevo gobierno), había sido director de Escuelas en Santa Cruz y se le mantuvo el sueldo aunque debió dárselo de baja y retornó a Córdoba. Kirchner le debe favores personales aparte de haberle facilitado aviones SW al entonces gobernador de Santa Cruz y requería compensación. Otro es el secretario de Comunicaciones, Guillermo Moreno, quien acaba de formar un grupo económico y hasta armó un «plan económico-social» posdefault desconocido por Roberto Lavagna (lo difundió este diario el viernes). A éstos se agregó en estos días el secretario de Turismo, Carlos Enrique Meyer, también proveniente de Santa Cruz, el titular de la Aduana, Ricardo Echegaray, y hay muchos más « auténticos» en líneas menores. Además de odiar a los ministros técnicos del gobierno porque los aventajan en efectividad tienen otras características en común: casi todos responden al ministro de Planificación, Julio De Vido -»pingüino» auténtico el mismo-además de ser incondicionales del «jefe» y de la «jefa» (Néstor y Cristina Kirchner). Sin embargo, Ricardo Jaime, el más comprometido en Ezeiza, es «pingüino» pero no responde a De Vido, inclusive por su vinculación personal al Presidente hasta el punto de que Kirchner aceptó a relevar a 11 brigadieres (son 13 pero dos renunciaron indignados) para tratar de salvar a ese cordobés.

El tercer grupo actuante para crear más confusión en la gestión oficial es el de Horacio-Verbitsky y los hombres de su tropa que ha logrado infiltrar en distintos niveles del gobierno. Inclusive el que organizará la nueva Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA) que reemplaza a la Fuerza Aérea, es hombre del «perro» Verbitsky. Se trata de Marcelo Sain, hombre que era segundo de «Juampi» Cafiero en el Ministerio de Seguridad de la provincia de Buenos Aires (ver aparte). Verbitsky es muy gravitante hoy y desprecia más al grupo «pingüino» que al de los ministros. Tras lograr que le pusieran a uno de sus hombres, José Vázquez Ocampo, en el Ministerio de Defensa, Verbitsky ahora domina todos «los listados» de oficiales superiores de las Fuerzas Armadas y de Seguridad. Cuando vio que el escándalo de la droga vinculaba al gobierno inventó y convenció al Presidente de lanzarle toda la culpa a la Policía Aeronáutica Nacional (PAN), dependiente de la Fuerza Aérea, y estructuró la lista de oficiales aeronáuticos que le aconsejó a Kirchner decapitar para acentuar la culpa del contrabando de droga sobre ese sector de uniformados.

T
ras los decapitados por Verbitsky vino luego el accionar del jefe de los «pingüinos», el ministro De Vido, que agrandó la lista hasta encontrar a un aeronáutico que haya actuado en la Patagonia, en este caso el brigadier Eduardo Schiaffino. El sector «pingüino» cree que el río Jordán, donde San Juan Bautista purificaba antes del arribo de Jesucristo, no queda en Israel sino en la Patagonia.

Verbitsky
como los cocodrilos prefiere comer fuera de cualquier manada. Tiene un odio especial a las Fuerzas Armadas y de Seguridad -que incluye hasta guardiacárceles-aunque no se creía que lo extendiera a la Aeronáutica, fuerza militar sobre la cual prologó libros y ayudó a redactarlos al fallecido comodoro «Cadete» Güiraldes. También desprecia a los «pingüinos» como a los ex montoneros que en 1976, encabezados por el ya fallecido Rodolfo Galimberti, lo obligaron a cumplir la «prueba de sangre» que, en su caso, fue manipular el detonador de una bomba frente al Comando en Jefe del Ejército que accionó precipitadamente por temor, sin llegar a afectar el auto del ex dictador general Jorge Videla, pero matando a muchos civiles inocentes. Carcomido por eso en 1977 Verbitsky se retiró definitivamente de las fuerzas subversivas y entró a trabajar con el aeronauta Güiraldes. Odia a los «pingüinos» al extremo de haber denunciado en el diario oficialista «Página/12» a los nombrados Jaime y Moreno pronosticándoles que caerán en la órbita de la Fiscalía Nacional de Investigaciones Administrativas por « negocios con empresas», algo gravísimo que muestra el enojo por lo que considera «chiquilinadas» de éstos y haber comprometido tanto al gobierno en este caso de contrabando de drogas.

El accionar simultáneo de las tres líneas crea tantos problemas hoy al gobierno que, por ejemplo, en el caso de las Fuerzas Armadas tienen, a su vez, también tres líneas a quienes responder.
Verbitsky tiene dominio sobre uniformados por su «manejo de las listas» y poder de pasarlos a retiro, José Pampuro es el que da la cara y soporta humillaciones y Julio De Vido es a quien verdaderamente responden e informan ahora los comandantes en jefe.

L
a línea de abajo en este hecho de la droga por SW está formada por los hermanos Maggio, cabeza del «Grupo Córdoba» que, ya dijo este diario, son de esa provincia donde también nace la empresa.

El periodista Rolando Graña dio a conocer por TV una versión según la cual la Policía Federal venía siguiendo la pista del tráfico y hasta habría logrado filmar a dos personas entregando las valijas con cocaína. En la maniobra, según esa fuente, estaría involucrado un asesor del ministro De Vido, de apellido Acevedo, y una mujer, de nombre Graciela Colla, ambos ligados presuntamente a Claudio Minicceli, cuñado del ministro de Planificación. A Colla se la vincularía, además, con «Rudy» Ulloa, un viejo conocido del matrimonio Kirchner.

En su casa de Córdoba, en el cerro Las Rosas, Acevedo habría instalado una antena desde la cual mantendría contactos en clave con «elementos colombianos», según ese relato televisivo. En esa residencia, se habrían realizado reuniones entre Acevedo, Ricardo Jaime y los dueños de SW, Maggio y Arriete. La pista, de acuerdo con la versión que cita a un alto miembro de la Policía Federal como fuente, la inició la Policía de Córdoba que puso a Acevedo bajo la lupa. Tanto el presidente Juan Maggio como el gerente general, su hermano Christian, mienten continuamente al extremo de que el diario « Página/12» escribió ayer « llamativamente sobre los puntos más oscuros y polémicos del escándalo que sacude a su empresa no tuvo respuestas precisas o no quiso darlas». «Página/12», propiedad de uno de los dos únicos jefes que hoy acepta como superiores Verbitsky, Héctor Magnetto de «Clarín» que lo enriquece a la par de Néstor Kirchner que le otorga poder, empieza a atacar a SW sobre todo a partir de que el Presidente se limitó a adjudicarle a la Aeronáutica sólo responsabilidad por no haberle avisado del hecho, cuando sabe que no podía por los organismos y funcionarios en juego.

Pero
Juan Maggio se mantiene en la vieja y primera versión de los hechos. «Los casi únicos responsables son la Fuerza Aérea y la Policía Aeronáutica, PAN», se soslayó diciendo en estos días porque le conviene. A su vez dijo que «en el escándalo ningún papel le corresponde a la Secretaría de Transporte» para salvar al cada vez más complicado Ricardo Jaime, su titular a quien ya hasta se supone socio de SW junto con la empresa Volare de Italia que tiene otro 30% que le entregó Eduardo Eurnekian en canje para poder ingresar a la aerocomercial itálica. Por algo debió canjear su paquete el dueño de Aeropuerto 2000, tomando parte de una línea extranjera muy pequeña.

«El país subsidia también al transporte pú blico automotor en pesos 400 millones por año, al de cargas en 300 millones, 70 millones a los que hacen el dragado y balizamiento naval, y otros 650 millones a los concesionarios ferroviarios», dijo Ariel Basteiro, ex sindicalista de Aerolíneas Argentinas y hoy puesto como diputado para justificar el subsidio de casi 100 millones anuales que tiene SW por gestión del propio Basteiro más otros sindicalistas de LAPA y coincidente con los intereses que tenía en SW el secretario de Transporte, Ricardo Jaime. Pero no hacen referencia Basteiro ni otros gremialistas de LAPA que si se le pagaban los costos a SW para que saliera «hecha» la rentabilidad la obtenía mediante la «vista gorda» para contrabandear al extremo de creerse que hoy la empresa sólo subsistía por ejecutar operacionesilegales. No se sabe si contrabando genéricoo exclusivamente de narcóticos, pero es sospechoso que Juan Maggio diga que los vuelos casi sin pasajeros a Tacna, en Perú, se mantenían «porque es un aeropuerto de donde se distribuían turistas hacia las ruinas de Macchu Pichu». Maggio también sostuvo que en «su» empresa «no sabíamos lo que ocurría, no hay registro de otros envíos anteriores, sólo éste con tres empleados infieles», pero también mentiría porque no podía ignorar que una azafata de «su» compañía aérea esté hoy detenida por haberle descubierto contrabando de cocaína, además de ser cordobesa y nada menos que sobrina del miembro de la Corte Suprema Juan Carlos Maqueda. Juan Maggio tenía su oficina en el mismo edificio que ocupa hoy la Secretaría de Turismo, otro organismo de la órbita «pingüina» también sospechado.

Walter Beltrame
, de 26 años e hijo del comodoro jefe de Ezeiza hasta su relevo, es considerado un posible «perejil». «No tenía en SW ni una oficina, ni una silla», declaró su abogado Ricardo Russian, publicó ayer «La Nación» pero sabía que tenía que facilitar el contrabando por SW, inclusive pidiéndole a su padre rampas especiales y menos a la vista para los aviones de esa compañía. Según «La Nación» -con buenos contactos judiciales en este caso ya que inclusive destapó todo el hecho-Beltrame le dijo al juez durante su declaración de 7 horas que «si la empresa no hacía lo que pedía Jaime, el secretario de Transporte del gobierno perdía los subsidios que le daba el Estado». La soberbia de Jaime parecía no tener límite. El propio Beltrame dijo que podía bajar a su antojo el secretario de Transporte a los pasajeros de SW si lo quería. Además, por una queja de su esposa por un avión demorado en el año 2003 hizo relevar al brigadier Heriberto Rossi.

Aparentemente
Beltrame creía que se contrabandeaba vajilla y otros productos argentinossimples. Cuando se enteró de que la droga descubierta en Madrid el 17 de setiembre pasó a un juez acordó con su padre permanecer oculto porque descontaban que el asunto se iba a arreglar en el alto nivel del gobierno de donde provenían las órdenes de hacer la «vista gorda» con las valijas de SW. Cuando se ven comprometidos Ricardo Jaime y la empresa que apadrinaba, el que habría tomado la posta del hecho fue el titular de la Aduana Ricardo Echegaray, quien maquina no informarle al «grupo de los ministros» o al Presidente de la Nación, como también habría hecho Jaime, sino salvar la situación y de paso aprovechar para adquirir más poder echándole toda la culpa a la Aeronáutica y procurando que el presidente Kirchner le diera otra tajada importante de poder a los «pingüinos» con Ezeiza y los aeropuertos, aunque no sucedió así porque Kirchner se repliega ahora sobre el nivel más sólido y menos adolescente de sus ministros para crear una fuerza que dependería del Ministerio del Interior.

Es posible que los
Maggio también acompañaran el accionar de Jaime y el de la Aduanaal echarle la culpa a la Aeronáutica pero quizá-debieron ser engañados en cuanto al real contrabando, que era de narcóticos aunque se cree que al traer droga desde Tacna, en Perú, no podrían ignorarlo. Era muy grande este embarque, sumado a la detención de una azafata cordobesa y un comisario de a bordo de SW que también fue descubierto en el Aeroparque trayendo droga pero de Córdoba. El vuelo Tacna-Córdoba es de larga historia siempre vinculado a irregularidades. Allí se ingresaba a ilegales peruanos a la Argentina con el pago de un pasaje y les hacían figurar un eventual regreso para no tener problemas con Migraciones de Córdoba. También fue detenido y entonces fue radicada la denuncia el 5 de octubre pero, al efecto de cubrirse, el hermano gerente Christian Maggio la hizo en forma insólita: como «testigo de identidad reservada» que sería la manera más simple de buscar quedar afuera y comprometer lo menos posible a los organismos del Estado intervinientes.

Se cree que el juez
Liporace al igual que la Policía Federal inicialmente no vieron en este episodio de contrabando por SW a España la verdadera magnitud que tenía y a qué nivel de gobierno penetraba. En cambio la SIDE sí estaría muy comprometida, ya que según una versión en enero habría tenido a uno de sus miembros investigado en relación con lo que sucedía en Ezeiza y su titular Héctor Icazuriaga también es considerado un «pingüino legítimo» dentro de ésa, una de las tres líneas actuantes dentro del gobierno.

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