El Vaticano dice que a la Patagonia le faltan más obispos

Política

Si algo hay que reconocerles a los Kirchner es su habilidad para llevar todas las situaciones conflictivas a extremos impensados hasta hacerlas caer, liquidadas por su propio peso. Por ejemplo es el deterioro que sufre desde hace más de cuatro años la relación entre el gobierno y la cúpula de la Iglesia Católica; sólo comparable a la pelea latente con el campo.

Ese desencuentro -que preocupa a Roma al punto de haber llamado de urgencia a una reunión en el Vaticano entre el cardenal primado, Jorge Bergoglio, y el secretario de Estado, Tarcisio Bertone- suma nuevos argumentos. Ayer, el virtual número dos del Papa, manifestó a la cúpula del episcopado argentino la preocupación por las trabas que la Casa Rosada impone a la creación de más obispados en la Patagonia.

  • Crecimiento

    El territorio -que referencia irreductiblemente al matrimonio presidencial- viene creciendo demográficamente a ritmo sostenido y por encima de la media nacional; motivo suficiente para justificar la necesidad de ampliar la presencia de la Iglesia en esa zona.

    En la actualidad, el mapa eclesiástico del país exhibe 47 diócesis bien repartidas entre las distintas provincias, a excepción de los distritos ubicados por debajo del río Colorado donde conviven las representaciones de Viedma, Río Gallegos, San Carlos de Bariloche, Alto Valle del Río Negro, y Comodoro Rivadavia.

    Según los artículos 2 y 6 del Concordato firmado entre la Argentina y la Santa Sede, el 10 de octubre de 1966, el gobierno tiene que dar luz verde a la creación de circunscripciones eclesiales.

    «Sin la venia oficial no salen», explicó a este diario un funcionario de la Secretaría de Culto que comanda Guillermo Olivieri.

    La resistencia guarda cierta lógica dentro de la cosmovisión de los santacruceños. Si con la cantidad actual de obispos resulta indomable para el gobierno la participación de la Iglesia en temas políticos, es imposible imaginarse lo que sería esa relación con más religiosos apostados especialmente en terreno kirchnerista por excelencia.

    Como muestra, bastan las críticas posturas asumida frente a Néstor Kirchner y a Cristina Fernández por el obispo de Santa Cruz y Tierra del Fuego, Juan Carlos Romanín, y por el párroco de Las Heras, Luis Bicego.

    El malestar concreto que ayer Bergoglio intentó traducir en Roma tiene que ver con la imposibilidad de subdividir a la provincia de Chubut en distintas diócesis; la primera tendría sede en Esquel como prelatura.

    «Existe un proyecto de la Iglesia Católica en la Santa Sede para llevar adelante esta idea. Hasta ahora existe sólo la de Comodoro Rivadavia que abarca todo Chubut, y es demasiado grande para una buena gestión», resumió un colaborador del obispo Virgilio Bressanelli.

    Junto a Bergoglio, participaron del encuentro los obispos Luis Villalba, Agustín Radrizzani, vicepresidente primero y segundo de la Comisión Ejecutiva de la Conferencia Episcopal Argentina, y Sergio Fenoy, secretario general. También estuvo el nuncio en la Argentina, monseñor Adriano Bernardini. Precisamente, el traslado de éste hacia un nuevo destino fue otro de los temas tratados ayer en el despacho de Bertone, aunque por el momento no trascendió cuáles serían los planes que tiene Benedicto XVI para el religioso.

  • Controversia

    El nuncio mantiene una fuerte interna con el cardenal primado de la Argentina desde el apoyo que este último le dio a la candidatura del ex obispo de Iguazú, Joaquín Piña. Pero el Vaticano también le reprocha a Bernardini no haber sabido interceder ante el gobierno para sugerir una alternativa a la postulación de Alberto Iribarne como embajador ante la Santa Sede, cargo que permanece vacante ya que Roma no le otorgó el plácet debido a que su condición de divorciado no se adapta a las normas canónicas.

    Durante la audiencia, además de temas eclesiales, se trató otra cuestión clave: la indefinición para designar a un reemplazante en el obispado castrense tras la renuncia de monseñor Antonio Baseotto. Parece casi un tema menor en medio tanto desgaste y pugna estéril, producto -al igual que el conflicto con el campo- de cierta impericia del gobierno para negociar.
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