Se convirtió el vocero Miguel Núñez en el funcionario más odiado del kirchnerismo. No por el público, que no lo conoce, sino por los propios funcionarios. Núñez protagonizó un pequeño escándalo cuando las revistas lo fotografiaron con un auto cero kilómetro más caro que los que, se presume, podría comprar con sus ingresos. Cuando el vocero le explicó a Néstor Kirchner que no se trataba de un auto propio, sino de uno prestado por una concesionaria, el Presidente dispuso que los funcionarios sólo podrán usar coches propios o asignados por el Estado.
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Gracias a Núñez, la calidad del transporte oficial descendió abruptamente. Y afectó a muchos funcionarios ya que tampoco estará permitido, como hasta ahora, utilizar vehículos provistos por concesionarias de obra pública. Sucede que en muchos contratos se establece que la empresa licenciataria de una obra debe proveer autos para el transporte de los funcionarios encargados de fiscalizar los trabajos. Ahora también esos inspectores deberán usar sus propios autos. Es lógico, entonces, que en la administración todos tengan recuerdos para «Bernardo», como llaman a Núñez por su mutismo (en alusión a aquel secretario de «El Zorro» que simulaba ser sordomudo). Informate más
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