Docente y educada se ha vuelto la política. El ex presidente Carlos Menem acusando de «corrupto» a Néstor Kirchner y éste, a través de su sucedáneo Sergio Acevedo, tratándolo de «delincuente». Uno porque cree que el oficialismo santacruceño oculta o no puede responder por 800 millones de dólares y, el otro, asegurando que «pronto» repatriará 514 millones de dólares estacionados en el exterior. Se suma lo de Menem a impresiones semejantes del duhaldismo -considera en su núcleo que Kirchner ha demorado en exceso el regreso de los fondos-, al tiempo que estos imputados plantean por qué los bonaerenses no hacen las mismas preguntas por las anomalías pasadas del Banco Provincia. Casi un modelo de transparencia la clase política en la Argentina.
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Al margen de que uno esté acostumbrado a estos diálogos abiertos del peronismo, de enseñanza para la sociedad, ahora que el gobernador Acevedo salió a responderle al riojano ( delicioso reportaje de ayer en «Página/ 12») sobre los dineros provinciales que fueron depositados en el exterior, en más de una oportunidad en la década del '90, sería interesante -y saludable para la administraciónconocer explicaciones más certeras sobre el destino de ese volumen millonario.
Finalmente, Kirchner va a celebrar su primer año de gobierno y no parece justificable que una provincia mantenga en la nebulosa un proceso de ahorro durante tantos años. Ya hubo tiempo suficiente, aun para un simple tenedor de libros, para organizar la contabilidad y, de paso, satisfacer reclamos como los del hoy canciller Rafael Bielsa, quien antes de las elecciones consideraba poco ético, casi desdoroso, que un profesional de la política y mucho más un Estado provincial mantuviera su liquidez en el exterior.
Saludable parece la versión de Acevedo que asegura que no consumirá en gastos corrientes esos fondos. Pero no satisface, en cambio, la explicación de que esas reservas se conservan en el extranjero como «parte de una estrategia fiscal para atraer inversiones». Frase poco feliz e insuficiente, casi candorosa si uno pretende pensar bien. Tampoco alcanza la promesa de que «pronto» regresarán esos fondos cuando, también él, dijo antes de jurar que inmediatamente a su asunción retornaría la plata. Más raro es todo cuando trascendió una áspera discusión entre el gobernador y Kirchner, hacia diciembre pasado, cuando ambos discutieron el tema.
Se ha complicado el gobierno (y Santa Cruz, claro) por esa demora, más ahora en que el propio Acevedo sale a hablar de la cuestión y en forma tan poco precisa. No son monedas, por un lado, y constituyen un monto tan importante -aunque no se sabe bien de cuánto se habla, ya que Menem menciona 800 y Acevedo 514- que escandalizarían a un hombre del gobierno como Pablo Lanusse, segundo de Gustavo Béliz en Interior y hoy interventor en Santiago del Estero, quien se horrorizó de que el gobierno Juárez tuviera 500 millones de pesos en el banco y la gente de la provincia padeciera privaciones. Parecen patrones diferentes de conducta en gente de una misma administración, con la aclaración de que lo de Juárez, al menos, se puede tocar, y lo de Acevedo permanece intangible. Ha sido perjudicial para Kirchner el frondoso rumoreo -hoy más que nunca en la superficie desde que habló Acevedo-sobre la suerte de ese dinero en el exterior, ya que diferentes versiones han florecido sobre pérdidas, errores y volatilidades especialmente más en la primera remesa que en la segunda (regalías y venta de acciones de YPF, fruto de la privatizaciónde Menem en los '90). Por no hablar de otras hipótesis sobre créditos espejo. Más en un mundo de suspicacias e ingratas realidades, como los engaños de Enron o el caso Parmalat, donde bancos importantes --bendecidos hasta por auditores internacionalesafirmaban que determinados fondos estaban depositados y a la hora de cobrarlos, no se pudo.
• Lamentable
La utilización de adjetivos -Menem acusando de corrupto a Kirchner o Acevedo de delincuente al riojanoson lamentables ejemplos a los que la Argentina está mal acostumbrada por su clase política. Convendría, en cambio, ofrecer versiones más puntillosas, exactas y razonables sobre fondos que fueron al exterior en previsión de ciertas crisis y que, se supone, allí han recibido por lo menos un interés mínimo.
Si hubieran regresado ese dinero el último año, si no se hubieran retrasado en esa gestión, los 514 millones de dólares -a discutir-que hoy dice Acevedo hacer retornar «pronto» se hubieran convertido en el doble puestos en la Bolsa o en Lebac. Claro, si hubieran creído en Duhalde, Lavagna y en ellos mismos.
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