8 de agosto 2006 - 00:00

En Brasil creen que superpoderes son una herramienta electoral

El diario «O Estado de Sao Paulo», uno de los principales medios del Brasil, dedicó ayer una nota editorial a describir el avance del presidente Néstor Kirchner a un gobierno con atribuciones excepcionales para manejar el presupuesto público en beneficio, afirma la nota, de su futuro electoral. Como nota editorial que es no aporta nueva información sino que pone en contexto la votación de la ley de superpoderes, y el proyecto de reelección presidencial. Importa conocer su contenido no tanto, entonces, porque provea información nueva sino porque refleja cómo repercuten medidas del actual gobierno en Brasil, un país cuya relación con la Argentina es central en materia económica y también política. Lo que en Brasil se piense de Kirchner importa también aquí. Veamos esa nota editorial.

Movido por una ambición política hasta hace poco conocida apenas por unos pocos coterráneos de la provincia de Santa Cruz, el presidente argentino, Néstor Kirchner, consiguió convertirse en el más poderoso jefe de gobierno civil de su país en toda la historia. Habiendo sido electo en 2003 con apenas 22% de los votos, hoy controla el Congreso Nacional, prácticamente todos los gobernadores provinciales, inclusive algunos pertenecientes a partidos de la oposición, y hasta el propio Poder Judicial. Además, cuenta con el apoyo de buena parte de la prensa.

El dominio de Kirchner sobre el Congreso se hizo más que evidente con la aprobación por la Cámara de Diputados de una ley, previamente aprobada por el Senado, que le concede amplios poderes para retocar el Presupuesto sin consultar al Legislativo. Esa ley se conoce en el país como de los superpoderes, dado que le otorga al jefe de Gabinete de la Presidencia -o sea, al presidente Kirchner- plena libertad para alterar partidas de un ministerio y transferirlas a otro, o para reducir montos asignados a un programa y ampliar los de otros, sin pedir autorización a nadie. El Congreso se limitará, en el caso del Presupuesto, a aprobar o no el total de gastos propuesto por el Ejecutivo y el nivel de endeudamiento del gobierno.

En 2001 y 2002 -a pesar de la férrea oposición de la senadora Cristina Fernández de Kirchner, que lideró la aprobación del proyecto-, esos poderes fueron conferidos en carácter excepcional al Ejecutivo, para que el gobierno pudiera enfrentar la crisis en que se sumergió la Argentina a raíz del fin del régimen de convertibilidad, y de la inestabilidad política. La ley, aprobada por 134 votos contra 90, torna permanentes dichos poderes.

  • Victorias acumuladas

  • Hace tiempo que Kirchner viene acumulando importantes victorias en el Congreso. Ya obtuvo la aprobación (en el Senado) de la ley que torna permanentes la facultad de dictar decretos de necesidad y urgencia -especie de medida provisoria que Kirchner ha utilizado a discreción y que le permite legislar sobre casi todo. También consiguió la aprobación de reformas en el Consejo de la Magistratura, responsable del nombramiento de los jueces, con lo que -afirma la oposición- aumentó su control sobre el Poder Judicial.

    El diputado opositor Mauricio Macri advirtió el riesgo que representa la acumulación de poderes por Kirchner. El peligro, dice Macri, es que se llegue al autoritarismo por medios democráticos, tal como ocurriera en la Venezuela de Hugo Chávez. La democracia sería substituida por lo que Macri llama « democradura», que mantiene la formalidad del voto pero anula otras instituciones democráticas. «En este momento la Constitución no existe», asegura.

  • Prerrogativa

    Algunos partidos de la oposición pretenden disputar en la Justicia la constitucionalidad de la ley de superpoderes. Argumentan que la Constitución impide al Ejecutivo, «bajo pena de nulidad absoluta e insanable», tomar decisiones de carácter legislativo y prohíbe al Congreso de manera expresa conceder al Ejecutivo -en carácter permanente- poderes caracterizados como extraordinarios, como es el caso de la libertad de alterar libremente el Presupuesto sin consulta al Legislativo. La Constitución, además, confiere al Congreso la prerrogativa de fijar los gastos presupuestarios anuales y determina que el jefe de Gabinete debe limitarse a ejecutar el Presupuesto aprobado por el Legislativo.

    Es preocupante la indiferencia de la población en relación con la concentración de poderes en las manos de Kirchner. Con la economía creciendo a un ritmo muy acelerado, el país parece haber vuelto atrás el tiempo hacia la euforia del gobierno de Carlos Menem, especialmente entre 1993 y 1995, cuando el escenario económico era alentador.

    «No deben colocarse piedras en el camino del Presidente; es preciso dejarlo trabajar, pues la economía está mejorando», es el pensamiento de buena parte de la población. La indiferencia de la población se suma a la debilidad de los opositores. Con eso, Kirchner tiene ahora la facultad de administrar el Presupuesto de acuerdo con sus intereses electorales, manteniendo una sólida base de apoyo en el Congreso y en las provincias, y marginando a quienes podrían crear problemas. El cuadro electoral le es tan favorable que el principal tema en discusión en los medios políticos argentinos es quién será el candidato para las elecciones del año próximo: o él o su esposa, la senadora Cristina Fernández de Kirchner.
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