Todo el mundo sabe que Santa Cruz es la cuna del estilo K. Y el peronismo local quiso dejar en claro ese predominio en la provincia con una despedida de neto corte patoteril en Río Gallegos que pasó, para enorme disgusto de Néstor Kirchner el pasado 14 de setiembre, a manos del radical Héctor Roquel.
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Piquetes en las calles y la quema de un cajero automático fueron la estrategia callejera con que las huestes del Frente para la Victoria respondieron a una medida sensata de Roquel: revisar 1.038 pases a planta permanente que el saliente Juan Carlos Villafañe legó como última medida antes de irse de la Municipalidad.
La acción directa fue correspondida por una medida de amparo que la Justicia -evidentemente alineada con el kirchnerismo-aceptó, por lo que aún ese plantel sigue en sus respectivos puestos, 30 de los cuales son cargos políticos y 130 son planes sociales trocados en empleo público. Roquel apeló la medida judicial, por lo que aún la situaciónestá en suspenso con una difícil relación con el Concejo Deliberante en que el peronismo cuenta con 4 ediles y la UCR con 3.
De ahí que el intendente radical deba lidiar con enormes dificultades para imponer el estado de emergencia económica hasta saber en qué condiciones puntuales dejó Villafañe el municipio del cual era mandatario interino luego de reiterados actos dudosos de la administración peronista.
•Deuda
No es la única dificultad que Villafañe dejó a su competidor radical: la intendencia quedó con una deuda de 3 millones de pesos con proveedores del Estado y de 60 millones de pesos con la provincia, fundamentalmente por obras que se realizaron con fines electorales y que finalmente no dieron los resultados deseados en un distrito que supo administrar en otros tiempos el propio presidente de la Nación. ¿El flamante gobernador Sergio Acevedo recibirá a Roquel, al menos, para escuchar sus reclamos?
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