«Alvarez (Carlos Chacho) siempre fue un oportunista y un trepador que traicionó sus principios con tal de avanzar.» La dura definición pertenece al ex senador por Entre Ríos (PJ) Héctor Maya que, en un reportaje a propósito del caso de las presuntas coimas pagadas en el Senado por la ley laboral, fue definiendo la actitud observada en aquel momento por el entonces vicepresidente de la Nación, titular de la Cámara alta.
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Mientras se discutía esa ley, hoy cuestionada, Maya afirmó que Chacho Alvarez «tenía una actitud consecuente con (Fernando) De la Rúa. Impulsó la ley y militó en Diputados quebrando voluntades con el propósito de buscar que se aprobara. Después tuvo un comportamiento similar en el Senado llamando a los senadores que nos oponíamos intentando convencernos, como lo hizo en mi caso.Y se negó de forma sistemática y pertinaz a producir cualquier tipo de investigación, especialmente cuando (Antonio) Cafiero se lo pidió».
Maya, desde Entre Ríos y respondiendo a un reportaje del mensuario «Cuarto Intermedio», señaló que «más que la ley De la Rúa, debe ser recordada como la ley Alvarez, porque De la Rúa siempre había coincidido con ella, pero Alvarez había escrito revistas, publicado libros y militado propiciando teorías y posiciones totalmente opuestas a esta ley (...); lo que hizo para que se aprobara, las irregularidades que permitió, con su comportamiento hipócrita de hoy, le hace lucir un 'tartufismo' político similar al impostor de Molière».
Según el ex senador por Entre Ríos, el irregular trámite seguido por la ley, en el caso de Chacho Alvarez, lo determinó su propósito «de que estallara un conflicto institucional grave y, cuando eso sucediera, subirse a la ola de la moralina y ser beneficiario del desplazamiento institucional de De la Rúa. Pero cuando eso pasó, se asustó, como hizo siempre, y se fue (...); a tal punto es su hipocresía que, en un diálogo radial con (Alberto) Flamarique, le preguntó si había pagado sobornos. Ante la respuesta negativa, le pidió que lo jurara (...); parecía el diálogo de dos bandidos alojados en Caseros o en Villa Devoto».
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