Fernando de la Rúa, por cortesía elemental, contuvo el enojo anoche cuando se retiró el estudio de «Telefé», adonde un activista de La Tablada lo agredió cuando iniciaba un diálogo con Marcelo Tinelli. El agresor no se acercó al Presidente cuando éste entró al estudio de la calle Pavón sino que esperó que De la Rúa estuviera en el aire; es decir que no quiso pedirle algo al Presidente sino protagonizar un espectáculo para que lo vieran centenares de miles de personas. Un acto político, en suma, como puede ser también un atentado.
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Curiosa circunstancia porque la presencia del Presidente en el programa de Tinelli fue muy negociada: De la Rúa sería objeto de una entrevista del animador de «VideoMatch» limitada a diez preguntas acordadas con Darío Lopérfido. Una de ellas era sobre La Tablada, pero el Presidente nunca esperó que fuera la del arranque y con un desconocido tomándolo por las solapas.
La intención era lavar la inquina presidencial por una imitación hiriente de un actor y terminó en un bochorno que sacó al Presidente y al animador de sus casillas hasta el final del programa.
La pregunta que quedó sin responder fue sobre la seguridad del Presidente. Su integridad está a cargo de militares cuando se mueve dentro de la Casa de Gobierno o de la residencia de Olivos, pero apenas pone un pie en la calle, pasa a estar bajo el cuidado de la Policía Federal. El responsable máximo es el comisario José Varela, que está de vacaciones y ayer era reemplazado por su segundo en el comando. Ni la presencia de dos oficiales operativos de la Federal ni de uno de los edecanes militares bastó para una agresión que da para pensar.
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