24 de octubre 2002 - 00:00

¿Forzado regreso de De la Sota a Córdoba?

La perseverancia de José Manuel de la Sota tiene límites. Podría soportar un derrape electoral en la presidencial porque pagó por triplicado para gobernador. Pero ningún político pretencioso puede amontonar, en 150 días, dos fracasos sucesivos.

El temor a una derrota en la elección de Córdoba programada para mayo próximo, junto a la turbia crisis que enfrenta la provincia y la dilación que sufriría la interna del peronismo, empujaría a De la Sota a calzarse de nuevo, en noviembre, el traje de gobernador.

En setiembre pasado, el cordobés pidió licencia como mandatario provincial hasta el 16 del mes próximo. Por entonces, la primaria presidencial, abierta y simultánea, estaba pautada para el 15 de noviembre.

Según aquel cálculo, al día siguiente de la elección De la Solta volvería a Córdoba.

Pero luego, por decreto, Eduardo Duhalde pateó los comicios para el 15 de diciembre y ahora sobrevuela la amenaza de que se aplace para enero.

En ese caso, según confió ayer un operador, De la Sota decidiría no renovar la licencia y retomar el timón de la provincia, ahora en manos de Hermán Olivero, el delasotista jefe de la Legislatura local.

«Kirchner y Romero son gobernador y candidatos, así que De la Sota también puede serlo»
, se atajó el operador.

Ayer, de hecho, el precandidato abandonó su campaña para instalarse por unas horas en el despacho oficial. Una urgencia lo llevó hasta allí: no llegan los u$s 100 millones que Duhalde le prometió para rescatar los bonos LECOR.

Pero hay un motivo más mundano. En mayo o junio próximo, los cordobeses votarán para elegir gobernador y, admiten los delasotistas, el PJ corre serio riesgo de perder. Leales al fin dicen que
De la Sota -su intervención, no su candidatura- es la única posibilidad de mantener el dominio cordobés.

Los radicales -divididos entre
Rubén Martí, Ramón Mestre y hasta Eduardo Angeloz, que volvió a la actividad política de salón reservado- se relamen ante esa alternativa: sueñan que es la única provincia donde, la casi extinta UCR, podría volver a gobernar.

Y, por amor propio,
De la Sota no puede ser culpable del doble fracaso.

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