4 de septiembre 2001 - 00:00

Gobierno confirmó complot entre Duhalde y Alfonsín

El gobierno denunció ayer que, bajo la fórmula de un «pacto de unidad nacional», el PJ y la UCR bonaerenses, es decir Eduardo Duhalde y Raúl Alfonsín, tramaron un complot para tomar el poder en el gobierno nacional. El vocero presidencial, Juan Pablo Baylac, fue el encargado de formular la denuncia, que confirma lo informado por este diario el martes de la semana pasada: que Alfonsín concibe la formación de un gabinete encabezado por Duhalde que tendría a Jorge Remes Lenicov como ministro de Economía. El acuerdo Duhalde-Alfonsín incluye a Leopoldo Moreau y Federico Storani, y amenaza con ser la nacionalización de un viejo acuerdo PJ-UCR-Frepaso que llevó a la provincia de Buenos Aires a la quiebra. Además de Baylac, Domingo Cavallo también castigó ayer a Alfonsín: «Es un fenómeno desaparecido de la política, la población no lo apoya, se siente más segura conmigo», dijo a un diario de Brasil. Una declaración ácida que intentó desmentir ayer, consciente del efecto que provocaría en la irritada interna radical.

Juan Pablo Baylac, el vocero del gobierno, denunció ayer lo que este diario informó la semana pasada: que Raúl Alfonsín concibió un acuerdo con Eduardo Duhalde para avanzar sobre el gobierno e inaugurar una gestión de «unidad nacional». Baylac formuló su denuncia diciendo que «existe un pacto de Buenos Aires para ocupar el poder que legítimamente ganó el presidente Fernando de la Rúa». El portavoz del Ejecutivo dijo que «pareciera que en Buenos Aires hay un pacto en donde tanto el radicalismo como el justicialismo, encabezado por (Eduardo) Duhalde, tienen una visión de la unidad nacional tratando de construir una suerte de caballo de Troya que venga al gobierno».

Por su parte, Domingo Cavallo señaló ayer en Brasil -en un reportaje de «O Estado de Sao Paulo» que en vano intentó desmentir-que «Alfonsín es un fenómeno desaparecido de la política, la población no lo apoya, se siente más segura conmigo».

• Devaluación

La afirmación de Baylac es el primer resultado de una resolución adoptada por el gobierno el domingo por la noche: imputar los desplantes de Alfonsín a un complot que tiende a la toma del poder nacional. Aunque no se llegue a esos extremos, es cierto que el ex presidente concibe un gobierno de coalición con Duhalde como jefe de Gabinete y Jorge Remes Lenicov como ministro de Economía. La propuesta supuso en su momento el desembarco en el gobierno una vez consumada la devaluación de la moneda, que se produciría si no se hubiera alcanzado un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional. Alfonsín, como Leopoldo Moreau y Federico Storani, sospecharon siempre que el Tesoro de los Estados Unidos no aprobaría un auxilio para el país e imaginaron un dispositivo político para esa circunstancia. Es en ese contexto que se ubica la candidatura de Duhalde como jefe de un gobierno de «unidad nacional».

En rigor, lo que imaginan Duhalde y Alfonsín es la nacionalización del acuerdo que existe en la provincia de Buenos Aires desde hace más de 15 años: un espacio compartido entre el gobierno y la oposición (PJ y UCR), del que pasó a formar parte también el Frepaso no bien comenzó a integrar la Legislatura. Ese acuerdo tiene una superficie formal (la Fiscalía de Estado, el Tribunal de Cuentas, la Tesorería y otros encargados del control en la provincia son radicales) y un fondo opaco: se ha alimentado de subsidios, fondos reservados de las cámaras de Diputados y Senadores, «módulos» (eufemismo que sirve para mencionar los contratos que le corresponden a cada dirigente para su clientela política), pagos políticos en compensación de la votación de empréstitos, etc. Elba Roulet, Pascual Cappelleri, Osvaldo Mércuri, Rafael Romá, Francisco Ferro, Felipe Solá y Alejandro Mosquera imaginaron, perfeccionaron y administraron, según el caso, un modo de financiamiento partidario que, hasta que se hizo público, consistió en una especie de caja negra de la que cada fuerza sacaba su parte según la proporción legislativa que dominaba. Una cuenta en el Banco Provincia estaba a disposición del presidente de cada cámara, que no debía rendir cuentas a nadie, ni siquiera al Tribunal de Cuentas, gracias a una ley sancionada bajo el reinado peronista de Duhalde y Mércuri.

Este sistema funcionó sin fisuras en la provincia y tuvo su expresión más clara en la administración del Banco Provincia, cuyo directorio se loteó entre los partidos (el representante del radicalismo allí en la actualidad es Roberto Frenkel, ligado a Moreau). El Fondo del Conurbano, otra de las grandes «cajas» bonaerenses, fue auditado de manera sistemática por la Universidad de La Plata, que controla políticamente Storani.

El resultado de este acuerdo bonaerense está a la vista. La provincia soporta un déficit que para ser enjugado debió recurrir a la emisión de bonos (patacones), y el banco fue técnicamente quebrado, trasladándose parte de su pasivo al Tesoro. La coronación de esta administración es que esa deuda se pretende negociar políticamente a través de una comisión integrada por representantes de los bloques parlamentarios. Basta repasar la lista de deudores y sus compromisos políticos con los gobiernos bonaerenses para verificar el grado de distorsión y opacidad con que se viene manejando ese distrito. El pacto de unidad que se han propuesto Alfonsín y Duhalde amenaza con ser la nacionalización de este sistema, del que el propio jefe radical fue víctima: siempre supuso que Moreau carcomió su MODESO con la banca del poder provincial; a tal punto llegó esta sospecha que Ricardo Alfonsín, hijo del ex presidente, se lanzó a la arena política envuelto en este tipo de denuncias.

• Conocimientos

De la Rúa conoce desde hace tiempo este «modus operandi» de los bonaerenses y siempre se preguntó por qué Moreau y Storani son tan drásticos con su gobierno y tan considerados con el de Duhalde o el de Carlos Ruckauf (a quien le aprobaron un ajuste y la emisión de patacones sin chistar en no más de 24 horas). Baylac sabe de estas cosas más que el Presidente, sobre todo en su carácter de ex titular de la Fundación de Moreau.

En el subsuelo de la denuncia del vocero está esta imagen de la política bonaerense, que el gobierno se habría propuesto denunciar paulatinamente en una especie de llamado al interior. Por eso Baylac consignó ayer que «hay políticos que tienen otra visión» y mencionó entre ellos a José Manuel de la Sota y al mismo Ruckauf, quien más que beneficiario se ha convertido en víctima de este sistema.

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