6 de agosto 2002 - 00:00

Graves errores del ministro Matzkin

Pese a su larga experiencia política, el ministro del Interior, Jorge Matzkin, cometió ayer graves errores de interpretación al explicar los antidemocráticos decretos de convocatoria a internas y elección general. Tan pueriles fueron los errores que se interpretaron como una ratificación de que hay un plan real del gobierno para influir en las internas del 24 de noviembre próximo que proclamarán candidatos.

El problema está planteado en que si esas internas partidarias son obligatorias y abiertas y, simultáneamente, no hay obligación de hacerlas en los partidos con «lista única», los afiliados de éstos pueden volcarse a definir el candidato de otro partido, lo cual sería una burla a la democracia. Por eso, preventivamente y en resguardo de decisiones ciudadanas correctas, la Ley Electoral 25.611, que sancionó el Congreso el 19 de junio pasado, especialmente remarcó en su artículo 29 bis que el voto de los independientes se circunscribía a «los ciudadanos que no tengan afiliación partidaria» que, entonces sí, podrán participar en la elección de cualquier partido, como ya se hizo con anterioridad en la Argentina.

El gobierno Duhalde vetó del artículo 29 bis dos aspectos. Uno era que «la fecha de la elección deberá ser comunicada por el juzgado electoral con competencia electoral en cada distrito». Así la convocatoria a interna partidaria se la reservó el gobierno, algo que se considera inconstitucional por intromisión del Estado en los partidos políticos con quien circunstancialmente detente el poder.

Luego vetó del mismo 29 bis el párrafo «el que incluirá (para la votación), para cada caso, a los afiliados del partido o de los partidos miembros de la alianza (si la hubiera) y a los ciudadanos que no tengan afiliación partidaria».

Con estos vetos se dejó abierta la arbitrariedad gravísima de que los afiliados de otros partidos designen el candidato de una agrupación ajena.

Al tratar de zafar de esto frente al periodismo, Matzkin cometió estos errores:

1) Dijo que el electorado «independiente» que se puede sumar a una elección partidaria no supera 30%. Puede ser, pero no hace al caso porque es legal que lo haga. Inclusive está bien. Pero en la interna justicialista, como probablemente defina al futuro presidente de la Nación en marzo, serán inducidos muchos más «independientes» (familiares, amigos, transporte para llevar a votar, etc.) por políticos afiliados. Es inevitable. Pero evitar votos de afiliados a otros partidos sí es posible y eludido con la trivialidad de que «no hay tiempo para padrones diferenciados».

2) «El Partido Justicialista tiene 3 millones de afiliados. Nadie puede influir entonces en su interna y podría ser lo contrario, que influyera en la de partidos menores», dijo el ministro a radio «Del Plata» (programa Bravo-Leuco).

El error grave de Matzkin está aquí. Supóngase que José de la Sota, Adolfo Rodríguez Saá y Carlos Menem logran que vayan todos los afiliados a la interna del PJ y saquen un millón de votos cada uno. Ahí 80.000 o 100.000 votos venidos de afiliados de otros partidos decidirían el candidato. Por tanto, no interesa
la cantidad, como cree Matzkin, sino la gravitación del voto de otros partidos, vía sus afiliados, que puede ser fundamental en candidatos parejos.

El «afiliado» (muchos menos que los que figuran en partidos por adulteraciones, desafiliaciones, afiliaciones simultáneas, etc.) es un votante especial. Por lo pronto, politizado como surge de su misma afiliación. Segundo, simple de contactar, por tener sus datos. En consecuencia, fácil de transmitirle e impulsarle la estrategia de su partido, hasta
para influir en la interna de otro partido.

Recuérdese que en la interna por la candidatura presidencial entre José Bordón y Carlos Chacho Alvarez, en 1995, la diferencia entre los dos candidatos fue de menos de 1% en un total de 500.000 sufragios (Alvarez entregó la candidatura a pesar de ese pequeño margen, sin computar los votos en tránsito). En aquel momento, el reproche que los «chachistas» hacían al método de la interna abierta indiscriminada -como las que se preparan ahora- es que habían intervenido radicales y peronistas que querían ver perder a su jefe.

¿O no se quejó Graciela Fernández Meijide -y era una elección general- que los «cavallistas» le dieron la diferencia a Carlos Ruckauf para ganarle la gobernación bonaerense en 1999?

Todas la entrevistas entre Alberto Natale, Jorge Sobisch, Ricardo Gómez Diez en el Ministerio del Interior tuvieron, precisamente, como objetivo que desde afuera influyeran en su interna. Y se les dio la razón, que se niega en la vital elección de candidaturas presidenciales. En un tema sensible no al alcance de la simpleza que manifiesta el ministro Matzkin. Una interna sin recaudos generará candidatos sospechados y presidente de la Nación débil. Esto el país en crisis tan seria no lo soportará.

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