Graves errores del ministro Matzkin
-
Alarma en las escuelas: cuáles son las medidas que implementó el gobierno de CABA
-
Milei cierra su gira en Israel en un clima de tensión por el fin de la tregua entre Irán y EEUU
1) Dijo que el electorado «independiente» que se puede sumar a una elección partidaria no supera 30%. Puede ser, pero no hace al caso porque es legal que lo haga. Inclusive está bien. Pero en la interna justicialista, como probablemente defina al futuro presidente de la Nación en marzo, serán inducidos muchos más «independientes» (familiares, amigos, transporte para llevar a votar, etc.) por políticos afiliados. Es inevitable. Pero evitar votos de afiliados a otros partidos sí es posible y eludido con la trivialidad de que «no hay tiempo para padrones diferenciados».
2) «El Partido Justicialista tiene 3 millones de afiliados. Nadie puede influir entonces en su interna y podría ser lo contrario, que influyera en la de partidos menores», dijo el ministro a radio «Del Plata» (programa Bravo-Leuco).
El error grave de Matzkin está aquí. Supóngase que José de la Sota, Adolfo Rodríguez Saá y Carlos Menem logran que vayan todos los afiliados a la interna del PJ y saquen un millón de votos cada uno. Ahí 80.000 o 100.000 votos venidos de afiliados de otros partidos decidirían el candidato. Por tanto, no interesa la cantidad, como cree Matzkin, sino la gravitación del voto de otros partidos, vía sus afiliados, que puede ser fundamental en candidatos parejos.
El «afiliado» (muchos menos que los que figuran en partidos por adulteraciones, desafiliaciones, afiliaciones simultáneas, etc.) es un votante especial. Por lo pronto, politizado como surge de su misma afiliación. Segundo, simple de contactar, por tener sus datos. En consecuencia, fácil de transmitirle e impulsarle la estrategia de su partido, hasta para influir en la interna de otro partido.
Recuérdese que en la interna por la candidatura presidencial entre José Bordón y Carlos Chacho Alvarez, en 1995, la diferencia entre los dos candidatos fue de menos de 1% en un total de 500.000 sufragios (Alvarez entregó la candidatura a pesar de ese pequeño margen, sin computar los votos en tránsito). En aquel momento, el reproche que los «chachistas» hacían al método de la interna abierta indiscriminada -como las que se preparan ahora- es que habían intervenido radicales y peronistas que querían ver perder a su jefe.
¿O no se quejó Graciela Fernández Meijide -y era una elección general- que los «cavallistas» le dieron la diferencia a Carlos Ruckauf para ganarle la gobernación bonaerense en 1999?
Todas la entrevistas entre Alberto Natale, Jorge Sobisch, Ricardo Gómez Diez en el Ministerio del Interior tuvieron, precisamente, como objetivo que desde afuera influyeran en su interna. Y se les dio la razón, que se niega en la vital elección de candidaturas presidenciales. En un tema sensible no al alcance de la simpleza que manifiesta el ministro Matzkin. Una interna sin recaudos generará candidatos sospechados y presidente de la Nación débil. Esto el país en crisis tan seria no lo soportará.




Dejá tu comentario