Siempre vuelve. Esta vez, lo hace desde las paredes porteñas, abrazando una frase de Néstor Kirchner y regada por apellidos ilustres y parentescos de distinto grado. Renaciendo, la antes poderosa Juventud Peronista, la « jotapé», sale a buscar un lugar en el universo del PJ bifronte de Kirchner y Eduardo Duhalde. En los últimos meses se movieron con cautela, casi en secreto, sin estorbar a nadie y respetando canas. Pero mientras en el imaginario de los peronistas, el PJ se encamina a la normalización y se acercan las elecciones generales, los «jotapé» decidieron salir a pelear para quedarse con parte del botín. Como presentación en sociedad, desde la madrugada de ayer, saludan desde los afiches citando una frase reivindicativa de Kirchner: «Cuando la polea de la juventud se mueve, el cambio es inevitable».
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La fecha no es casual: coincide con el Día de la Militancia, que se celebró ayer, la segunda fecha más sensible a los corazones peronistas.
En pocos días, saldrán a golpear la puertas del Senado y de Diputados, se reuniráncon gobernadores y, si la suerte los acompaña -y Alberto Fernández no los tacklea en la puerta-, es probable que lleguen hasta el despacho presidencial. Como una preliminar del duelo cada vez menos taquillero entre peronistas ortodoxos y transversales (o kirchneristas), los muchachos de la JP acumulan bronca contra los «Jóvenes K», que anima el jefe de Gabinete. Y tiran algún latigazo a los Guardianes de la Democracia que sponsorea Julio De Vido.
Pero esos tironeos son, apenas, un precalentamiento. El motor de los «jotapé» es más pretencioso: lograr que se instaure un cupo joven que, como a las damas, les garantice espacio en las listas electivas, la estructura partidaria (ya existe en varias provincias) y, en lo posible, en los despachos oficiales. Sin el ánimo combativo y nostalgioso de otras épocas, los delegados de la JP repetirán a coro ese único pedido: que los incorporen como variante -se presume que mejoradade los actuales legisladoresy funcionarios del PJ. Una renovación natural y, en algún punto, inevitable, arguyen.
Idéntica motivación, animada por Duhalde, los movió a principios de año. Lograron constituir una Mesa Federal y elegir tres emisarios para sumarse a la conducción del Consejo del PJ nacional que, tras los berrinches de Cristina Fernández y Chiche Duhalde en el congreso de Parque Norte, quedó acéfalo. Por entonces, eligieron un triunvirato: dos diputados nacionales, el salteño Juan Manuel Urtubey y el bonaerense y yerno de Duhalde, Gustavo Ferri, y la cordobesa Victoria Flores, hija de Olga Riutort, ahora jefa de la JP de esa provincia.
Pero el derrumbe partidario los arrastró y los congeló. Pero de a poco lograron la recomposición y, sin mando personalizado, rearmaron una mesa que reúne a delegados de todas las provincias, excepto Santiago del Estero y San Luis. Donde gobierna el PJ, el enviado es el director de Juventud;: por los demás distritos llegaron emisarios partidarios. En el desorden, la Dirección Nacional de Juventud de Mariano Cascallares actuó de nexo. Aunque detrás del armado, se percibe la mano invisible del duhaldista Ferri y «Vicky» Flores, el nuevo intento de resurgimiento de la JP no deja traslucir un solo vestigio de crítica hacia el gobierno. «Con Kirchner, la Argentina vuelve a soñar con una patria digna», reza el documento de presentación de la Mesa Federal. La portación de parentesco de algunos que podría inducir a imaginar un polo opositor tiene su contrapeso. También aparecen apellidos ilustres, con trato preferencial en la Casa Rosada. Dos casos: Juan Manuel Pichetto, hijo del senador homónimo, y Pablo Das Neves, heredero del gobernador de Chubut. Pero hay variedad.
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