8 de diciembre 2006 - 00:00

Hilar fino, hilar grueso; paro bueno y paro malo

Le duró poco a Felipe Solá el intento de diferenciar la «extorsión permanente» que significa el paro de los docentes, que reclaman un aumento de salarios que encarecería el gasto ya en problemas de Buenos Aires en $ 1.400 millones, y el paro agrario que amagó en justificar con que los dirigentes del sector no tienen interlocución con el gobierno nacional.

En menos de 24 horas recibió la señal de Casa de Gobierno de rectificar esa justificación; lo hizo por TV la noche del miércoles, cuando, a regañadientes, expresó que como parte del gobierno no puede hilar fino: «Voy a hilar grueso», dijo, y condenó el paro agrario.

Convendría hilar fino porque el paro de maestros que padece la provincia de Buenos Aires es una amenaza sobre toda la sociedad; es el primer ejercicio de gimnasia en cancha grande de la CTA, cuyo nuevo cacique Hugo Yasky -reemplaza a Víctor De Gennaro- tiene la promesa del Presidente de hacer lo mismo con Hugo Moyano cuando le firme la personería como central obrera en el mismo nivel de la CGT.

El método es ominoso: el paro se hace en medio de una paritaria abierta para todos los empleados públicos de Buenos Aires (la primera que hace una provincia) de los cuales casi 60% son docentes. La violencia sobre la negociación y sobre otros sectores del empleo público que no hacen huelga mientras discuten condiciones y salario indica el nivel de prepotencia.

Como método, hacer una huelga docente sobre el final del año desnuda la perversidad de la medida; la huelga se hace con viento a favor, casi sin resistencia, por el envión final del año cuando padres, alumnos y docentes lo que buscan es adelantar el fin del curso entre serpentinas y festejos. Así cualquiera hace paro.

Hacerlo sobre un gobernador como Solá, que fracasó en su chance de reelección, redobla la violencia de la huelga. ¿Especulará el Sr. Yasky con que el gobernador, con tal de terminar su mandato en olor de multitud, firme un salariazo y le pase al sucesor la deuda en el Presupuesto siguiente? Ya pasó en el país antes que un gobernador que se iba daba el aumento y eso contagiaba al resto de las provincias de demandas que no podían saciar administraciones más responsables.

Que la huelga a Solá es un ejercicio lo prueba que sus banderas flameasen el miércoles desde los palcos del Senado cuando se aprobó la polémica ley de educación. Esa norma, que ayer apuró una comisión en Diputados para hacerla ley la semana que viene, la plantea con urgencia no sólo el Lic. Daniel Filmus, que la necesita para alimentar una candidatura que lo obliga a convertir su figura en popular (ya es famoso; está en cargos de conducción educativa desde hace 15 años).

  • Recentralización

    También el sindicalismo que conduce Yasky espera que esa norma se apruebe porque vuelve a centralizar el manejo de la educación en el ministerio y reinventa al sindicalismo docente que liquidó la descentralización de la anterior ley educativa.

    Yasky a cargo de la CTA reflotó la promesade Kirchner -nunca cumplida a De Gennaro- de darle legalidad como central obrera. La crisis del moyanismo pone ese proyecto a punto de caramelo; por eso el jaleo a la ley que va a convertir de nuevo a los docentes en el gremio más grande de la Argentina, con más poder de movilización que otras ramas productivas o de servicios, como lo demostró la CTERA de la transición del alfonsinismo al menemismo, cuando jugó un rol central en un cambio político profundo en el país.

    En ese cuadro, la huelga a Solá tiene más sentido que la tradicional algarada de fin de curso que hace todos los años la liga de gremios educativos también al gobernador, que tiene razón cuando habla de «extorsión permanente» y debería, de paso, defender frente a Kirchner, amigo hoy de Yasky, su derecho a hilar fino.
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