Ibarra decidió romper con Alfonsín-Duhalde
-
Milei participó en un debate sobre Keynes y aseguró que "sirvió para que políticos corruptos arruinen la vida de la gente"
-
Con Milei en duda, arranca el Foro Llao Llao 2026 con presencia del Círculo Rojo
•Anuncio
El mayor problema de Ibarra en su ruptura con Duhalde-Alfonsín es que no quiere ser furgón de cola de Carrió y está convencido de merecer una primera clase. Es comprensible, cree que ya Alvarez llevó al Frepaso al derrumbe con el radicalismo de locomotora e Ibarra quiere ser reelecto intendente. Después de todo, piensan que no surgieron todavía contrincantes porteños para 2003 que no le permitan cumplir la meta de seguir cuatro años más en el Gobierno de la Ciudad, a pesar de los baches y los bonos.
Otro grupo, que animó la tertulia es el que pilotea el bonaerense Eduardo Sigal, más partidario de confluir con peronistas. Es un kirchnerista y se resiste a cargar con los radicales, algo que Ibarra no define porque comparte con ellos su alicaída gestión porteña y sueña con que algunos de sus funcionarios de hoy de la UCR compartan su oratoria: «Hay que converger en la construcción de una alternativa de centroizquierda. Tenemos muchas cosas que autocriticarnos y otras que valorarnos», le dijo el jefe de la Capital Federal a los 200 frentistas que lo escucharon animados.
Estuvieron entre otros, el intendente de Avellaneda Oscar Laborde, el de Lomas de Zamora, Edgardo Di Dío (lo habían destituido pero le devolvió el cargo la Corte provincial), el de Cipolletti, Julio Arriaga, La legisladora Laura Morresi, y el jefe de Gabinete de Ibarra, Raúl Fernández.
La reunión entusiasmó al jefe porteño, que les habló también de sus planes de descentralización de la Capital Federal, algo particular, porque no piensa hacer elecciones de juntas comunales como lo impone la Constitución. Por esas cosas del poder, ahora Ibarra cree que «la estatuyente se equivocó, nos equivocamos, son muchos 7 cargos electivos por comunas». Sin embargo cree que motorizando una descentralización casi informal podrá contener a los caceroleros barriales.
La algarabía le duró, sin embargo hasta el domingo a la noche. Una vez que festejó el triunfo de River, su cuadro, en la cancha, comenzó a sonar su celular: la tropa desesperada le hacía notar lo bajo que le daban las encuestas. «Bueno, son momentos», conformó Ibarra.



Dejá tu comentario