La inundación de la zona norte de la Capital provocó el primer cortocircuito serio entre Aníbal Ibarra y sus funcionarios.
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El jefe de Gobierno porteño mantuvo ayer la primera reunión completa de gabinete desde la tormenta del miércoles, que lo sorprendió de viaje de cortesía en la brasileña San Pablo. Ibarra manifestó su malhumor por el desordenado manejo de la situación que día a día intenta paliar con nuevas medidas de ayuda a los perjudicados, y que se le complicó al mediodía con el anuncio de un nuevo alerta meteorológico y un escándalo en la Legislatura cuando se intentaba interrogar al secretario de Obras Públicas, Abel Fatala. Por su parte, los vecinos del barrio de Belgrano cortaban las calles en reclamo de indemnizaciones (ver nota a aparte).
Como contrapartida, Ibarra anunció que se comenzarán las obras que en un año solucionarán parte del problema del agua en la ciudad, con una inversión de $ 8 millones. Simultáneamente, desde el mismo jueves siguiente a la inundación, funcionarios de la Secretaría de Desarrollo Económico, a cargo del frepasista Eduardo Hecker, comenzaron a hacer un relevamiento de los negocios más afectados para implemetar la línea de subsidios que abrió el lunes el gobierno, que sumó a créditos blandos del Banco Ciudad.
Pero el enojo de Ibarra, sin embargo, fue porque el día de la inundación, y antes de que él regresara al día siguiente por la tarde, ningún funcionario había tomado la iniciativa de contestar ante los vecinos y apuntar alguna medida concreta. Las vacaciones de los ministros y los viajes pendientes encontraron al Gobierno de la Ciudad desprevenido ante la emergencia.
Por caso, el ejecutivo estaba a cargo de Cecilia Felgueras, quien al día siguiente viajó a Davos para participar de un foro sobre la ciudad del futuro (casi una paradoja), aunque la vice-jefa permaneció durante la noche en la sede de Defensa Civil.
Regreso
Una de las órdenes que impartió Ibarra esta semana fue precisamente que Felgueras regresara ayer, como estaba previsto, y no ampliara unos días más su viaje. Fueron varios los secretarios sorprendidos por el agua; el propio Fatala viajaba en un vuelo que lo regresaba a Buenos Aires, tras 24 días de descanso en Australia y fue alertado cuando bajaba del avión en fresca ropa veraniega para que se trasladara inmediatamente a un salón del aeropuerto a ponerse el traje.
El titular de Cultura, Jorge Telerman, padeció múltiples averías en su auto, que se sumergió en calles anegadas, cuando intentaba llegar a su casa en la zona de las avenidas Córdoba y Juan B. Justo, otro de los puntos inundables de la Capital.
Lo cierto es que Ibarra les reprochó ayer a sus ministros la poca presencia que habían tenido en el operativo y las respuestas fallidas que se dieron en un inicio, como excusarse con que el servicio meteorológico no había anunciado la tormenta. «El que no se quiera poner las botas se tendrá que ir», repitió Ibarra ante su equipo.
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