El gobierno porteño renovará la concesión del servicio de recolección de residuos de la Capital Federal, que constituye el contrato más grande de su administración, a razón de más de $ 160 millones anuales. Aníbal Ibarra se propone pagar sólo por cuadras limpias, la creación de áreas especiales y que los grandes generadores asuman costos del servicio.
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Los actuales contratos se vencen en febrero próximo y, aunque serán prorrogados, la limpieza preocupa a Ibarra, quien relee una encuesta que hizo el ente regulador de los servicios públicos porteños, en la que más de 70% de los vecinos considera que la Ciudad está sucia.
La novedad en la nueva licitación es que Buenos Aires no quiere pagar más por tonelada de basura recogida como lo hace hoy a razón de $ 8 cada mil kilos más el transporte, lo que resulta más de $ 20 por tonelada levantada.
El Ejecutivo tiene intención de prorrogar los actuales contratos porque no le queda tiempo para llamar a licitación antes de que caduquen, pero lo haría por el lapso de demora de los futuros convenios, que en esta oportunidad se harán por 8 años, no por cuatro como fue el último.
Por peso
En la Ciudad de Buenos Aires se producen por día unas 5.000 toneladas de basura, que incluyen los desperdicios domésticos y los residuos sólidos de otro tipo, como escombros de obras. A las empresas se les paga por el peso de la recolección que los camiones hacen pesar por el CEAMSE. Ahora el gobierno quiere pagarles por cuadra efectivamente limpia y que comiencen la clasificación de distintos materiales. Para eso el gobierno piensa en una campaña escolar con el fin de que en principio sean los vecinos los encargados de la separación de distintos elementos, como plásticos, vidrios, latas o cartones, y que eso no requiera un mayor costo presupuestario por lo que pudieran reclamar las empresas.
Otra de las innovaciones en el otorgamiento del contrato es que se abrirá un registro de «grandes generadores», que se definen como los que producen más de 500 kilos o metro cúbico de desperdicios por recolección y que deberían asumir el costo extra. No es el caso de edificios sino de industrias o talleres.
Cuatro zonas
Actualmente, la Ciudad se divide en cuatro zonas para la asignación de empresas privadas que tienen Ecohábitat, Cliba, Aeba y Solurban y una quinta delimitación a cargo de la Ciudad, con empleados propios. En el último concurso quedó afuera Manliba, que fue de las primeras firmas en hacerse cargo de la privatización del servicio de recolección de residuos en la Capital, cuando el intendente era Carlos Grosso.
En el proyecto de la norma, Ibarra pide, además, que a las empresas que se les adjudique el servicio se les exija que conserven a los trabajadores.
Los oferentes podrán ser adjudicatarios únicamente de una sola zona de las cuatro en que se divide la Capital para el reparto de la licitación.
La forma de cotización a que están obligadas las firmas es por cada cuadra, considerando el promedio de 100 metros por cada una. En los sectores que se califiquen como «áreas limpias» deberán prestarse servicios de barrido manual o mecánico con lavado, recolección y otros servicios que aseguren el mantenimiento del sector. Como último artículo, propone a los oferentes que coticen por reciclado y clasificación. A todo esto la Ciudad debe buscar un nuevo basurero donde arrojar los desperdicios de los porteños. Uno de los que se utiliza actualmente en Villa Dominico tendría capacidad para recibir los casi dos millones de toneladas de basura de la Ciudad sólo por un año más.
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