No fue una multitud, pero la Catedral metropolitanaterminó colmada ayer por alrededor de 1.500 feligreses en la misa de 11. El oficio religioso estuvo a cargo de un sacerdote joven que, subordinado a sus mandos naturales, se ajustó a la liturgia más ortodoxa, incluyendo las lecturas del día y la homilía, despojada de toda connotación patriótica. Sobre el final, la oración al Cristo de la Patria arrancó un aplauso cerrado que hasta ese momento fue evidente que había estado contenido. Había mayoría de militares retirados de las tres fuerzas, acompañados de sus familias.
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La Plaza de Mayo, en un día excepcional, estaba llena de policías de la Federal; y el vallado de reglamento la cerraba a la altura de las calles Reconquista de un lado y Defensa del otro. Nadie pensó que la prevención fuera por la feligresía católica: ocurrió que sobre la plaza había una manifestación de ex combatientes de Malvinas que, de uniforme y medallas, le enrostraban al ministro del Interior: «doctor Aníbal Fernández;usted está en deuda con nosotros; usted nos ha prometido cosas que hasta ahora no nos ha cumplido». Esto se repetía machaconamente una y otra vez, animando el clima placero, al que contribuían quienes tomaban sol y la visita de turistas que, ávidos de color local, no les daban descanso a sus cámaras digitales.
Dentro de la Catedral, mientras la guardia de Granaderos en el mausoleo que guarda los restos del general San Martín se mantenía imperturbable, los asistentes seguían con unción los pasos litúrgicos del oficiante. Entre ellos fue posible advertir la presencia del diputado nacional Guillermo Cantini; el hermano de Alieto Guadagni, Norberto; la hija del ex presidente, general (R) Reinaldo Bignone; una de las convocantes, María Cecilia Pando, esposa del mayor Pedro Mercado -sobre el cual hay puestos muchos ojos para ver si es perseguido-; el peronista menemista Pascual Albanese; el ex jefe de la SIDE Juan Bautista Yofre; el ex radical y diputado local Jorge Enríquez; el jefe de la UCeDé porteña, Jorge Pereyra de Olazábal; el dirigente liberal Jorge Bousquet; y el teniente coronel (R) Emilio Nanni, quien fue herido en la toma del cuartel del Regimiento 3 de Infantería en La Tablada en enero del '89, por la banda terrorista del Movimiento Todos por la Patria.
Cuando concluyó la misa, minutos después de las 12, el atrio se pobló y Rivadavia quedó cortada por quienes parecían resistirse a marchar. Se cantó dos veces el Himno Nacional, y los «Viva la Patria» se repitieron una y otra vez. La celebración porteña del 195° aniversario de los fastos de mayo de 1810 se había cumplido, aunque el arzobispo de Buenos Aires y primado de la Argentina, cardenal Jorge Bergoglio, haya elegido desaparecer justo ayer por ausencia del Presidente.
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