Una docena de obispos bonaerenses le hicieron llegar ayer a Felipe Solá sus inquietudes a propósito de la reforma educativa que se lleva a cabo en la provincia. El significativo gesto -continuidad del realizado por una veintena de prelados hace un mes en La Plata al mandatario bonaerense-, sólo es la punta de un témpano que verá la luz hacia fines de este mes, cuando se reúna el plenario de la Conferencia Episcopal y emita el primer documento del año de un centenar de obispos.
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Una opinión que prenuncia críticas al gobierno nacional. Como las expresiones escuchadas durante la misa de campaña celebrada el lunes por el obispo castrense, monseñor Antonio Baseotto. Lo hizo en un altar levantado a un costado de la ESMA, a la que asistieron más de 1.200 personas, donde se recordó a los 323 muertos del crucero General Belgrano. Muchos marinos, militares y aviadores; entre los primeros el ex jefe de la Armada, almirante Emilio Molina Pico. Sobre la misma calle donde Néstor Kirchner habló el 24 de marzo pasado, el día que visitó ese lugar y donde vándalos destrozaron las instalaciones, izando en el mástil un trapo. Este obispo Baseotto fue el que advirtió al gobierno, a poco de asumido, del riesgo que implica «ideologizar» la gestión.
La revisión de pasado y la obcecada recurrencia del gobierno al proponer jueces para la Corte como Eugenio Zaffaroni, Carmen Argibay -que torpemente se autodefinió como «atea militante-», como si fuera una condición que legitima a un jurista-, y Elena Highton de Nolasco; va de contramano en el camino de reconciliación aconsejado por los obispos en cada homilía que han pronunciado a través de los años.
El arzobispo de La Plata, monseñor Héctor Aguer, disparó sobre Argibay señalando que «cuesta creer que una persona considerada destacada jurista y que aspira a integrar el máximo tribunal de la República pueda exhibir como argumento un slogan ideológico carente de todo fundamento».
El presidente de la Comisión de Pastoral Social y arzobispo de Resistencia, monseñor Carmelo Giaquinta -un hombre de definiciones habitualmente tajantes-, ha dicho lo siguiente: «Constato que nos hemos enfrascado en la tristísima década del '70, de la cual nadie admite ser corresponsable. Todo lo acontecido entonces es culpa de otros, hijos de madres tal vez marcianas, pero no argentinas». Y se preguntó este prelado: «¿Incapacidad de combinar la justicia con la misericordia?; ¿ necesidad morbosa de volver al pasado por incapacidad de enfrentar el presente?».
• Insistencia
Los obispos reunidos ayer con Solá -Héctor Aguer, Guillermo Garlatti, Rubén Di Monte, Jorge Casaretto, Fernando Bargalló, Rubén Frassia, Agustín Radrizzani, Carlos Malfa, Juan Suárez y Baldomero Martini, entre ellos, volvieron a insistir en el derecho de los padres a elegir el tipo de educación que recibirán sus hijos; al peligro que entraña la ideología infiltrada en la escuela pública; lo mismo que el impartir una educación sexual parcializada. Estaban, además de Solá, la vicegobernadora Graciela Giannettasio, y el ministro de Educación, Mario Oporto.
Solá les aseguró a los obispos que «en tres meses» saldrán nuevas medidas para mejorar el nivel educativo. Destacó que en base a las experiencias con que cuenta la provincia se buscará perfeccionar la educación ya que las leyes que rigen el sistema «fueron formuladas hace diez años para un país que se suponía del Primer Mundo», señaló con cierta ironía. «Analizamos todo -explicó el gobernador-, la incidencia de lo económico y los problemas que tiene la familia».
Agregó que «también verificaremos el currículum para determinar qué les hacemos estudiar a los chicos», concluyó Solá tratando de apaciguarlos, aunque sin conseguirlo, confiaron algunos de los asistentes.
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