La jueza federal María Servini de Cubría insistió ayer en su objetivo de juzgar en Buenos Aires al ex presidente de facto de Chile Augusto Pinochet. Esta magistrada, que ha hecho de la causa del crimen de Carlos Prats y su mujer Sofía Cutbhert en Buenos Aires en 1974, y en el esclarecimiento de las identidades de los hijos de detenidos-desaparecidos durante el Proceso militar en la Argentina en la segunda parte de la década del '70 y principios de los '80 su «leitmotiv» judicial para modificar su imagen -de hecho lo ha conseguido-negativa que le acarreó injustamente su actuación en el Yomagate, rechazó nuevamente ayer un pedido de prescripción que había presentado el defensor oficial Mario Villar.
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Esta decisión la tomó en el momento en que Enrique Arancibia Clavel, un ex espía chileno en la Argentina y ex militante del ultraderechista Movimiento Patria y Libertad que fue el soporte civil del régimen pinochetista como la Triple A en nuestro país, es el único que está preso y juzgado en la Argentina. También, curiosamente, el Estado chileno a través de su abogado argentino actuando como querellante pidió la reclusión perpetua de Arancibia Clavel y coincidió, de ese modo, con los familiares de Prats-Cutbhert y con los fiscales argentinos. Salvo que la Cámara de la Casación Penal acceda a considerar la prescripción del caso -con lo que se caería todo el juicio-, la suerte del ex agente de la DINA (desaparecida central de inteligencia que se reportaba directamente a Pinochet) está echada en los tribunales argentinos y pasará varios años a la sombra. Villar y su par, Silvia Otello Rella -profesionales altamente respetados en Tribunales-fueron puestos por la Defensoría General de la Nación para que tanto Pinochet como Mariana Callejas, la ex mujer del doble espía chileno-norteamericano Michael Townley y otra de las principales inculpadas en la causa, tengan una debida defensa ante la negativa de ambos de designar abogados de parte. Tanto Villar como Otello Rella recurrirán los pronunciamientos adver sos de Servini de Cubría y de la Cámara Federal Penal ante ese mismo tribunal, en el primer caso, y la Cámara de la Casación Penal, en el segundo, porque entienden que debido al tiempo trascurrido -26 años-se ha vencido el plazo para iniciarles proceso en la Argentina a los imputados en el crimen del ex jefe del Ejército de Chile que sirvió bajo las órdenes del presidente constitucional socialista Salvador Allende.
Pero las negativas a extraditar a Pinochet no parten solamente desde la Argentina pese a que Servini recibió información de primera mano que compromete seriamente al anciano senador vitalicio en la muerte de su camarada de armas. La misma Corte inició un proceso interno para evitar la extradición de Pinochet que solicitó hace unos días la jueza argentina aunque la nota fue firmada por su par Juan José Galeano, que la reemplazó interinamente. Un ministro del máximo tribunal trasandino en base a la interpretación de un decreto de confinamiento interno, curiosamente dictado durante el «reinado» dictatorial de Pinochet, se pronunció en contra. Es que no sólo se trata del juzgamiento al ex presidente -protegido por un acuerdo interno para ser juzgado en Chile después de su encierro londinense por obra y gracia del polémico juez Baltasar Garzón- sino de otros personajes importantes del país vecino.
Repercusiones
Es que la prisión de Arancibia Clavel -tiene dos hermanos oficiales de alta graduación, uno en el Ejército y otro en la Armada chilena-traerá repercusiones en el vecino país aunque no tan graves si el acusado y puesto en prisión fuera el propio Pinochet y los generales que lo acompañaron, lo que complicaría seriamente el frente interno del gobierno socialista de Ricardo Lagos, quien ya sufre enfrentamientos por derecha y por izquierda. Si va Pinochet, también deberían ir los generales (retirados) Manuel Contreras y José Espinoza y los civiles Miguel Yurfevic Poklepovic, Eugenio Mujica Mujica, Mireya Baeza -ex mujer del general Eduardo Iturriaga Neumann- y Nélida Gutiérrez, pareja del general Contreras. Todos ellos tuvieron destinos diplomáticos de importancia como Montreal (Canadá) y Buenos Aires. En realidad un presión interna mayor.
Pero también el gobierno chileno es consciente de que este movimiento judicial no hubiera sido posible si no fuera por el drástico cambio en la geopolítica de Estados Unidos para esta región y las necesidades de la política doméstica de la Argentina y Chile, vinculadas con esa estrategia, que hizo posible cerrar 100 años de desacuerdos entre los dos países por cuestiones limítrofes. De otra forma, no hubiera sido posible el inusitado apoyo de la CIA y del Departamento de Justicia norteamericano -no existen antecedentes con otros jueces y otras causas. IBM-Banco Nación, mafia del oro, etc.- para que Servini de Cubría pudiera poner en prisión a Arancibia Clavel y de tener en los umbrales de un penal al mismísimo Pinochet. Claro que a esa parte de la historia aún falta escribirla.
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