Hubo una visita más que interesante por lo político. Llegaron al país tres representantes de iglesias: el rabino de Nueva York, Arthur Schneir -titular también de Appeal of Conscience-, el doctor Anderson (protestante) y el sacerdote católico Sirhnan. Vinieron con la expresa misión de ayudar a la Argentina en materia de alimentos y medicinas, para lo cual realizaron un periplo político que superó el interés inicial de la ayuda. Porque en su recorrido se entrevistaron con Carlos Menem, Adolfo Rodríguez Saá, Elisa Carrió y Carlos Ruckauf.
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Cuando visitaron a Menem, los acompañaba alguien con quien el ex mandatario mantiene una causa pendiente y al que sus colaboradores miran con algo más que odio: Esteban «Cacho» Caselli, ex colaborador del riojano y luego trasvasado al duhaldismo vía Ruckauf, tanto que hoy es casi el segundo de la Cancillería. Encuentro educado, bien Menem y Caselli con su característica simpatía que tan bien luce con los obispos.
Salvo la tensión de esos rivales, ignorada por el trío, éstos se comprometieron con Menem -especialmente Schneir-a realizar gestiones ante la Casa Blanca y su amigo James Wolfensohn que faciliten la resolución de los conflictos financieros de la Argentina.
Quedaron bien Menem y Caselli, tanto que suenan antojadizas las últimas declaraciones hace 15 días del ex edecán de Menem Jorge Igounet en el juicio que involucra a los otros dos: ante la secretaria del juzgado, Igounet sostuvo que nunca Menem le hubiera dado determinada información o instrucción a Caselli -a propósito de una designación en Defensaporque entonces este hombre era «un cafetero, abría la puerta en lo de Bauzá (Eduardo), llevaba y traía invitaciones».
•Populismo
Con Rodríguez Saá, con quien Caselli en algún momento tuvo cierta intimidad, el trío visitante se interesó por si era populista. El puntano candidato expresó que él atendía a la gente que quería ir a San Luis porque allí había trabajo y que, en verdad, «él era un argentino preocupado». Casi lo mismo que dice por TV.
Más entretenida y sorprendente fue la reunión de los recién llegados con la Carrió, esta vez en el Alvear y sin Caselli, por supuesto. A los visitantes los sorprendió que ella mencionara que ese lugar era «un monumento a la corrupción» y, luego, les transmitiera que buena parte de la responsabilidad del hambre que hay en la Argentina corresponde a dos empresas de origen norteamericano: Monsanto y Cargill.
El trío no entró en detalles, simplemente interrogó: «Señora: ¿usted cómo piensa que se puede salir de esta crisis?». Ella respondió: «Con paciencia y fe». Esa réplica, que podía interesar a los religiosos, sin embargo motivó un comentario del representante judío: «¿No le parece que también sería importante un liderazgo en la conducción del país?».
•Confesiones
Fueron luego a la Casa Rosada y, allí, los recibió Duhalde, quien les confesó que «me voy el 25 de mayo» y, además, que «me interesa llegar a un acuerdo con el FMI». Después, a medida que avanzó la charla, el Presidente le reclamó a Schneir que intercediera ante el Banco Mundial para que lo ayudaran a reprogramar los vencimientos que tiene el país con la institución. El rabino mencionó que hablaría con Wolfensohn.
Para cerrar las etapas, Caselli llevó al terceto con Ruckauf, donde se repitió aproximadamente el mismo intercambio informativo. Salvo que Caselli les pidió a los visitantes si, en una conferencia de prensa, éstos podrían decir que el canciller argentino les había pedido que intervinieran ante el FMI y otros poderes en Washington para resolver las dificultades argentinas. Schneir sostuvo que él haría gestiones en el Banco Mundial, también ante su amigo George Bush, pero nada podía hacer ante el FMI ya que no disponía de mayores contactos. Le parecía, sin embargo, poco atinado que él hiciera en público estas revelaciones ya que constituían una falta de respeto a sus amigos. Por supuesto, no hubo conferencia de prensa.
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