Nadie lo admitirá en público pero de a poco gana adeptos entre los gremios la alternativa de que, antes de fin de año, el gobierno otorgue una personería «light» a la CTA, la admita como confederación pero no autorice doble sindicatos en las bases.
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Se trata, en rigor, del plan B que el miércoles, en Camioneros, discutió la «mesa chica» de la CGT: sugerirle a Néstor Kirchner -hablaron incluso de alcanzarle un borrador de decreto- que reconozca a la CTA pero sin desregular el régimen sindical.
En la CGT, moyanistas y barrionuevistas, se pintan la cara: prometen resistir y advierten que el gobierno «no tiene margen» para reforzar el sistema gremial como, alguna vez, infructuosamente, intentó el gobierno de Raúl Alfonsín a través de la llamada «ley Mucci».
«Sería violar la ley», dijo Moyano, en un rapto legalista, al recordar que una norma, la 23.551, establece la preeminencia del sindicato con mayor representatividad y la desaparición lisa y llana de los demás. Eso vale también para federaciones y para confederaciones. A su vez, desde la CTA siguen el proceso con reservas: alientan la expectativa de que antes de dejar el gobierno Kirchner firmará el ansiado aval pero, a su vez, se quejan de la falta de certezas. Por eso, no desactivan la movida para reclamar que se aplique la recomendación de la OIT.
Hay, como en todo, matices. El ex secretario general, el estatal Víctor De Gennaro, aprovechó el ruido por la CTA para cuestionar a Kirchner porque, dijo, «hace cuatro años» prometió darle el reconocimiento a la central de la calle Piedras -antes estaba en Independencia-. «No cumplió», abundó.
Sin embargo, en la CTA hay una fuerte presencia de sectores pro Kirchner, desde el filo K Hugo Yasky, a cargo de la secretaría general, hasta sectores de clara identificación con la Casa Rosada, como el Frente Transversal de Edgardo Depetri y el MUP de Federico Martelli.
Silenciosos
En tanto, como en todos los asuntos sensibles, en el gobierno reina el silencio respecto a los pasos futuros. Hay un indicio: Kirchner estaría negociando con Moyano y otros jefes gremialesun formato «digerible», que éstos criticarán públicamente, de aval a la CTA.
Allí toma fuerza el esquema de la personería «light» que sería aceptable para los tres jugadores de ese póker: la CGT; la CTA y el gobierno.
«Hay que cabrestear, como decía Lorenzo», planteaba, en un giro griollo, el dirigente cegetista al admitir que el llamado a la unidad de todos los gremios peronistas revela la preocupación de la CGT respecto a que, finalmente, más allá de sus especulaciones, podría haber un guiño a la CTA.
Hay una razón poderosa para sostener ese temor: aunque Kirchner coparticipa con Moyano de anuncios como los aumentos de sueldos o la más reciente propuesta para modificar Ganancias, en el paño político clásico el patagónico le mezquina concesiones a los gremios.
Así como, hasta ahora, Kirchner acota (o elimina) la presencia de dirigentes gremiales en las listas del FpV -a Gerónimo «Momo» Venegas, de peones rurales, empezaron a llamarlo para reprocharle promesas recientesen la CGT temen un revés respecto a la CTA.
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