Juez de Greco dijo que no va a dejar caer la causa
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Gerardo
Morales y
Ernesto Sanz
visitaron ayer
los tribunales
de Comodoro
Py. Dicen que
aún es
posible evitar
que el juez
Francisco de
Asís Soto
continúe con
el proceso de
pago de la
cuestionada
deuda al ex
grupo
mendocino.
Para el radicalismo, el caso Greco representa no sólo un escándalo para mortificar al gobierno, sino también la máxima victoria legislativa de los últimos años. Por eso ayer Sanz recordó: «Con nuestra intervención en la Cámara de Senadores, abortamos la maniobra de la ex ministra Felisa Miceli, quien buscó que el Congreso votara una ley de ampliación presupuestaria que le otorgaba fondos para hacer frente a un pago que el grupo Greco no tenía con el Estado por casi 600 millones de pesos».
En la investigación del caso Greco hay dos personajes claves que conocen todo el desarrollo del escándalo: la renunciada abogada del Ministerio de Economía, María Eugenia Martínez, y Jorge Amado, subsecretario de Deuda Pública. Por eso ayer los radicales, junto con la documentación que entregaron al Juzgado Criminal y Correccional Federal Nº 12, a cargo de Torres, solicitaron que ambos fueran citados a prestar declaración.
Martínez trabajó en el área de Asuntos Jurídicos de Economía hasta el año 2003 cuando, sin existir demasiada explicación, presenta la renuncia. Antes de irse del Estado, Martínez había solicitado a la Justicia -que por entonces todavía esperaba que tanto los Greco como el Estado calcularan las deudas mutuas que mantenían por aplicación del acuerdo firmado entre el grupo intervenido en 1980 y el gobierno de Raúl Alfonsínque se abrieran 38 pliegos de prueba, uno por cada empresa de los mendocinos, para calcular qué pagos había hecho el Estado en su nombre para mantener las empresas funcionando o por haberse hecho cargo de las deudas. A Martínez la sucedió Beatriz Pernas, que bajo las órdenes de Yolanda Eggink, el subsecretario Osvaldo Siseles y el secretario Eduardo Pérez, todos funcionarios de Roberto Lavagna, desecharon continuar con esas pruebas y terminaron homologando el 11 de agosto de 2005 una deuda a favor de los Greco por $ 332,4 millones, que luego terminó convirtiéndose a diciembre de 2006 en $ 578 millones.
Amado tiene también mucho que decir a la Justicia. Como resultado de la investigación de Sanz y Morales se supo que el funcionario intentó frenar, en al menos cuatro ocasiones, el proceso de pago del grupo que se tramitaba en 2006, cuando Miceli ocupaba el Ministerio de Economía. Fue quien recibió la orden de pagar de Alfredo Mac Laughlin, secretario de Finanzas de entonces, y la rechazó por no existir bonos disponibles. También fue el único funcionario que elevó a sus superiores un memo en el que reveló que el ministerio sabía que, al menos, existían $ 164 millones de deuda de los Greco con el Estado que no habían sido incluidos en la liquidación judicial.
Amado, finalmente, es quien envía Jorge Capitanich al Senado el ya famoso mail donde se detalla que las deudas se pagarían con el proyecto de emisión de bonos que Miceli envió al Congreso, describiendo allí todas las órdenes de pago a favor de los ex integrantes y herederos del grupo. Ese mail hizo que Capitanich tuviera que revelarles por entonces a los radicales que Economía estaba intentando esconder en el proyecto el pago a los mendocinos.
Por eso la participación de los dos funcionarios es considerada clave en el expediente para poder imputar penalmente a los responsables del intento de fraude al Estado y luego proceder a frenar la ejecución que aún siguen intentando los Greco.




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