Juicio a la Corte: mala idea que quedó en nada
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Acevedo, en ese momento, se mantenía fiel a la conducción del bloque. Es entonces cuando la bancada PJ le ordenó al tucumano Ricardo Falú y al ex cavallista Guillermo Johnson que se hicieran cargo de la investigación, pero teniendo en cuenta como estrategia que sólo debían acusar a los 9 jueces por las causas relacionadas con el «corralito», en especial el fallo en el caso Kipper-Smith. José María Díaz Bancalari, una suerte de representante de Duhalde en el bloque PJ, se hizo cargo de impulsar el juicio desde lo político. Por esos días, de los 117 diputados con que contaba el PJ, más de 80 estaban a favor de ajusticiar a la Corte. Sólo el menemismo se mantuvo en la posición contraria, hasta el punto que la bancada estuvo en varias ocasiones a punto de romperse.
•Cambios
Pero las posiciones fueron cambiando a medida que aparecieron las consecuencias -paradójicamente-no queridas por el Ejecutivo en la puja de poder con la Corte. Cuando comenzaron los fallos adversos, tanto en las instancias inferiores como en la cabeza del Poder Judicial, a todas las medidas económicas, como el «corralito» financiero, la reprogramación de depósitos y la pesificación, el peronismo intentó por primera vez dar marcha atrás con el juicio que él mismo había iniciado.
Pero otro hecho marcó la crisis interna de la bancada justicialista y dificultó el manejo del proceso de enjuiciamiento. Mientras Acevedo y Falú se mantuvieron firmes, en el bloque PJ no hubo problemas, pero lentamente Carrió comenzó a ejercer su influencia sobre el resto de los integrantes de la Comisión de Juicio Político. Pocos días después, la jefa del ARI ya tenía como aliados a todos los diputados del conocido como Grupo Talcahuano -encabezados por Acevedo y Falú- y éstos quedaron fuera de control de Humberto Roggero.
Este cambio fue posible gracias a otra definición política más importante: Kirchner, referente de Acevedo, le sacó el apoyo a Duhalde y la Comisión de Juicio Político quedó, definitivamente, separada de la política oficialista. Fueron famosas en esa época las reuniones en el departamento porteño de Carrió, en Paraná y Santa Fe, donde suelen concurrir Cristina Fernández de Kirchner -esposa del gobernador de Santa Cruz-, Falú, Acevedo, Gerardo Conte Grand y el resto de los peronistas disidentes.
Carrió volvió a tomar el juicio político como una bandera desde principios de este año (ya lo había hecho durante la década menemista). Es más, hace pocos días declaró que seguiría adelante hasta destituir a esta Corte «aunque me cueste la vida». Más allá de los cuestionamientos jurídicos o el comportamiento de los miembros del tribunal, Carrió hizo de todo este proceso una bandera de su pelea contra Menem, hasta el punto que muchos de sus argumentos contra los jueces se confunden con las imputaciones que siempre le hizo al ex presidente.




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