Las promociones o «camadas» anuales de los institutos de formación de las Fuerzas Armadas son el vínculo interno más importante que tienen los uniformados. Se prolongan por toda la vida y son tan orgánicas en su accionar que hasta tienen comisiones directivas con un presidente que las representa. De allí que en actividad y retirados de las tres fuerzas -Ejército, Armada y Fuerza Aérea- hayan coincidido en movilizar a cada una de las promociones para, unidos, comenzar a defender en todos los terrenos, incluso movilizándose, a quienes aparecen otra vez acusados de violar derechos humanos.
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Dicen hacerlo convencidos de que poco pueden esperar de los actuales mandos, más preocupados por saber si antes de fin de año, cuando se produzca la reorganización del gabinete nacional, incluida la cartera de Defensa -se presume que el titular, José Pampuro, jurará el 10 de diciembre como senador nacional-, quedarán en sus cargos o serán enviados a sus casas como retirados del servicio activo.
Estas promociones saben que los pasos que van dando son seguidos por los jefes de Estado Mayor. Y en el futuro lo serán también los suboficiales -que serán invitados a participar-, lo mismo que los oficiales de las fuerzas de seguridad, que también se ven sacudidos por dobles juzgamientos.
Este control de movimientos se notó en la convocatoria realizada el miércoles pasado en los jardines del Círculo Militar, cuando más de 500 oficiales del Ejército en actividad y retirados -algunos de uniforme- recordaron la muerte del capitán Fernando Cativa Tolosa, el 8 de octubre del '76, en Mar del Plata, a manos de una célula terrorista de Montoneros. Todos saben que cuando se está por hacer un homenaje y participan formaciones oficiales y bandas de música de unidades militares, hay una autorización previa de la cúpula. Que incluye conocer con anterioridad el texto del mensaje que se piensa leer, con derecho a vetarlo total o parcialmente, si se quieren honores oficiales.
De allí que el mensaje leído en el Círculo Militar por el teniente coronel (R) Héctor Mario Schwab -de la misma promoción 100 del artillero homenajeado-, por el cual impuso el nombre de Cativa Tolosa a la camada egresada en el año '70 del Colegio Militar, fue sobrio, sin estridencias, y sin críticas al poder político. Antes se había escuchado el Himno Nacional, ejecutado por la banda del Grupo de Artillería 1 «General Tomás Iriarte», antes de descubrir una placa.
• Bendición
Entre quienes escuchaban en el Círculo Militar estaba el general en actividad Hernán Garay, de uniforme, que no desconoce los avatares de los dobles juzgamientos por tener familiares enjuiciados en el interior del país. El mensaje había recibido la bendición del edificio Libertador. No había peligro.
Sin embargo, no pudo evitarse que Schwab leyera que «este Ejército es uno solo desde 1810, con sus luces y sus sombras. El mismo y el único porque no hay un Ejército del pasado y otro del presente. Hay un Ejército Argentino defensor de la Patria cada vez que ella lo convocó, fuente inagotable de sangre generosa», y concluyendo apuntó: hoy «temporarios desencuentros puedan hacernos difícil entender una realidad que muchas veces nos duele y nos golpea».
Nadie aplaudió. En el antiguo paseo de carruajes hubo una suelta de palomas final. Pero la promoción 100 cumplió con su objetivo.
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