El ballottage que no pudo ganarle a Carlos Menem se lo piensa ganar ahora a Julio Nazareno. Así se interpretaba ayer en el seno del grupo más duro del gobierno la apelación televisiva de Néstor Kirchner para que el presidente de la Corte Suprema de Justicia abandone el cargo, encabezando quizás a un grupo de ministros que se alejaría del Tribunal. Para el círculo áulico del Presidente el desenlace más deseable de esta escalada iniciada ayer sería la convocatoria a una consulta popular no vinculante sobre la modificación de la composición del máximo tribunal. Sergio Acevedo, el actual jefe de la SIDE, fue el presidente de la Comisión de Juicio Político de la Cámara de Diputados cuando Eduardo Duhalde impulsó el juzgamiento de los magistrados. Por eso es tan valioso el testimonio que ayer le escucharon algunos legisladores cuando visitó el Congreso para asistir a la jura de su sucesor, Daniel Varizat, nuevo diputado nacional por Santa Cruz. Acevedo recordó que, cuando Duhalde ordenó a los suyos archivar el proceso contra la Corte, Kirchner dijo públicamente que, en caso de asumir la Presidencia, convocaría a un plebiscito para promover una purga en el tribunal.
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Sacado de este contexto el curso de acción iniciado ayer por el gobierno provocaría alguna perplejidad por un dato principal: nadie negoció con el oficialismo de las Cámaras la aceleración del juicio político que reclama el Presidente. El Congreso podría desairar a Kirchner con sólo demorar el tratamiento de su pedido. Pero esa indiferencia o esa mora no serían un obstáculo para la estrategia oficial. Tal vez contribuyan con ella ya que al objetivo de cambiar la Corte se suma el de conseguir, cuando las circunstancias son favorables, los votos del esquivo 18 de mayo. Hay un detalle que abona este modo de mirar la conducta presidencial: en su discurso no anunció, como podría haber sucedido, el envío de un proyecto de juicio político en el que constaran las causales por las que se pretende expulsar a Nazareno.
Al frente de la comisión que debe responder por el Congreso al pronunciamiento televisivo de ayer hay un integrante del denominado «Grupo Talcahuano», el diputado Ricardo Falú, alineado con el Presidente desde mucho antes de la campaña electoral. Es el mismo sector en el que militaba Acevedo. Pero más allá de ese grupo hay otras expresiones que tal vez no respondan con el mismo entusiasmo a la convocatoria de Kirchner. No hay que pensar solamente en el menemismo. Tampoco el duhaldismo estaba de humor ayer con el gobierno, sobre todo desde que el nuevo interventor en el PAMI dejó circular las listas de designados por el ex titular del organismo, Horacio Pacheco, en las que habría parientes de toda la primera línea del duhaldismo.
Si las Cámaras se resisten a la pretensión de Kirchner, esa consulta no vinculante cuyas posibilidades institucionales anoche estudiaba el secretario Legal y Técnico Carlos Zanini -acaba de renunciar a la presidencia del Tribunal Superior de Justicia de Santa Cruz-, pondría como blanco a la Corte pero, indirectamente, también al Congreso.
Más allá de la dimensión jurídica e institucional del juicio político reclamado ayer por el Presidente, la jugada política podría ser definida con alguna gracia de esta manera: Kirchner cambió un riojano por otro y ahora pretende hacer el ballottage contra Nazareno. Claro que existe la posibilidad de que el resultado termine siendo el mismo que en aquella oportunidad perdida: es decir, que el titular de la Corte renuncie y prive de nuevo al mandatario de los votos que busca.
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