Néstor Kirchner, Daniel Scioli, Edgar Bronfman -presidente del World Jewish Congress-, legisladores, empresarios y dirigentes comunitarios irán hoy a la fiesta en la que la DAIA (Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas) celebrará sus setenta años. Seguramente, habrá discursos en los que se recordará el rol que jugó esta entidad en la defensa de los derechos humanos, su lucha contra la discriminación y el racismo en todas sus formas, y su permanente compromiso con esa causa.
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Sin embargo, en la celebración y en los mensajes de los dirigentes de la «kehilá»no podrá estar ausente el profundo dolor que aún causa el atentado contra la sede de la AMIA -en la que la DAIA tenía y tiene sus oficinas- el 18 de julio de 1994, y el controvertido fallo del Tribunal Oral Nº 3, que absolvió a todos los imputados en ese hecho terrorista.
El momento del festejo, además, coincide con una verdadera epidemia de pintadas antijudías en las paredes de las principales ciudades del país, golpes y amenazas de «skinheads» contra chicos judíos, profanaciones de cementerios hebreos y hasta el izamiento de banderas nazis en una escuela de una pequeña localidad cordobesa, y contra la que el gobiernose muestra impotente. El ambiente era mucho más complicado el 5 de octubre de 1935, cuando 28 entidades comunitarias (deportivas, religiosas, culturales) decidieron separar la atención social (empleo, cementerios, escuelas, etc.) de la representación política de los judíos argentinos, amenazados por el auge de movimientos nazis en el país, reflejo de lo que sucedía en Alemania.
El antecedente había sido una multitudinaria asamblea celebrada en el Luna Park en marzo de 1933, en protesta por los primeros ataques antisemitas en la Alemania nazi. Allí surgió el germen del Comité Contra la Persecución de Judíos en Alemania, que un año después tomaría el nombre de DAIA.
La DAIA «nació apolítica»; de ahí que los judíos afiliados a partidos marxistas y socialistas conformaran otra entidad, el ICUF, cuya «nave insignia» fue el teatro IFT y la colonia de vacaciones para chicos Zumerland. Hasta hoy, subsiste esa división, pero el ICUF perdió casi toda su representatividad, sobre todo a partir de la Guerra de los Seis Días en 1967, cuando la Unión Soviética apoyó decididamente a los países árabes en su ataque contra Israel. En la década del '50, una corriente pro peronista dentro de la comunidad creó una entidad paralela (la OJA), que no sobrevivió a la revolución de 1955.
Desde entonces, la entidad política de la comunidad debió hacer frente a diversos, cíclicos brotes de antijudaísmo. «Hubo momentos muy complicados, como la década del sesenta, con el auge del movimiento Tacuara, que atacó hasta escuelas comunitarias; también durante la última dictadura militar hubo un ensañamiento especial contra los desaparecidos judíos y, por supuesto, los dos atentados (contra la Embajada de Israel y contra la AMIA)», relata Jorge Kirzsenbaum, su presidente. En la actualidad, forman parte de la DAIA unas 140 organizaciones de las que son asociados, adherentes o meros concurrentes los casi 300.000 judíos argentinos. A los casi 500 invitados que irán mañana por la noche al Alvear Palace Hotel, entre los que se contarán los embajadores Lino Gutiérrez (Estados Unidos) y Rafael Eldad (Israel), se les entregará un ejemplar del libro «Compromiso permanente con la dignidad judía», publicado especialmente para conmemorar el aniversario.
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