31 de octubre 2006 - 00:00

Kirchnerismo ''bueno'' pide pista en Misiones

Carlos Rovira
Carlos Rovira
Misiones - Las primeras horas del día siguiente a la derrota del intento reeleccionista de Carlos Rovira en Misiones confirmaron que si bien Néstor Kirchner podría pagar un costo por su apoyo público al gobernador en la campaña, la política interna misionera está lejos de ser controlada por el antikirchnerismo. Se probó ayer por la mañana, momento clave de definiciones políticas para los opositores a Rovira, que esa «concertación» provincial tiene poco que ver con otras experiencias a nivel nacional.

La elección de domingo pasado tuvo características que hasta ahora no se habían registrado en ninguna otra provincia. Habría que remontarse a 1990, cuando un acuerdo entre peronistas y radicales impulsó un plebiscito para convocar a una reforma constitucional en la provincia de Buenos Aires, para encontrar un antecedente similar de rechazo popular. En esa oportunidad, el bochorno para el PJ y la UCR fue aún mayor: 70% de los bonaerenses le dijo que no a ese acuerdo de reforma. En esa ocasión, además, no estaba la Iglesia presente como protagonista, como sucedió ahora en Misiones, pero las consecuencias fueron similares. Más allá de la reivindicación de la victoria que pretendía hacer ayer cada uno de los sectores que participaron en el Frente Unidos por la Dignidad contra Rovira, el volumen de votos que obtuvo el No a la reforma no puede justificarse sólo en ese frente liderado por la Iglesia ni en el peronismo disidente, el radicalismo, el socialismo o las organizaciones intermedias que participaron. Hubo claramente una movilización popular al punto que muchos de los votantes que fueron trasladados a las urnas por el Frente para la Renovación, cuando ingresaban al cuarto oscuro, terminaban votando en contra de la reforma.

  • Días contados

  • Es la única explicación, además, para un resultado que no podría haber obtenido una alianza tan precaria, sin comunicación interna y sin estrategia clara -más allá de la oposición a Rovira y la reforma- como es, o fue, el FUD. Si el obispo Joaquín Piña o el influyente Rubén Martínez de Posadas continúan en su decisión de no volver a militar en política, ese frente opositor sin duda tiene los días contados.

    Ambos religiosos mantendrán su poder de veto sobre la política local por un buen tiempo, pero de allí a decidir, por ejemplo, el nombre del futuro gobernador hay un largo trecho. Bajo ese esquema, la fecha de vencimiento de la operatividad política del FUD será el día en que cada uno de sus integrantes deba definir su apoyo a una candidatura provincial o nacional. Piña siguió ayer refugiado en Iguazú y con las comunicaciones telefónicas cortadas por la congestión de llamadas desde todo el país y, principalmente, de la Capital Federal.

    El ejercicio político que adquirió el obispo en los últimos meses lo entrenó, incluso, para dar turno telefónico a los medios. No se equivocaron los funcionarios de Carlos Rovira cuando acusaron a la prensa nacional de ser responsable de parte de su derrota por las críticas a la reforma impulsada por la gobernación. El problema fue que quien falló en la estrategia fue el propio gobernador al nacionalizar la elección del domingo pasado.

    Hay datos geográficos que avalan esa realidad. Rovira tuvo una clara derrota en las ciudades más grandes de Misiones: Posadas, Oberá, Eldorado e incluso las medianas como Apóstoles. No puede incluirse en esa lista a Puerto Iguazú porque primó por encima de cualquier argumento de peso del obispo Piña que tiene allí su sede y centro de influencia. Y, tal como lo sabían todos los dirigentes provinciales, consiguió su mejor performance en las zonas rurales del interior de la provincia y los pequeños pueblos. A estos últimos no llegan prácticamente los diarios nacionales y se reciben mayormente las transmisiones del oficialista canal 12.

    El resto de las ciudades tiene canales de cable y disfruta de la programación como el resto del país. Esta simple diferencia fue una herramienta crucial a la hora de definir el voto, al punto que los periodistas llegados del resto del país recibían felicitaciones por parte de los opositores como si se tratara también de actores políticos en la contienda.

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