22 de abril 2005 - 00:00

Kirchneristas se arman sin Felipe

Carlos Kunkel
Carlos Kunkel
El código, que más de uno se tatuó en el brazo, es PKB y explicita, como ningún otro, una marca de origen y un sello de pertenencia que en estas noches de pulseada en la Casa Rosada ojea con obsesión. Su significado: peronista, kirchnerista y bonaerense.

Nadie -o casi nadie- duda de que Néstor Kirchner celebra, y usufructúa, la aventura política que Felipe Solá emprendió contra Eduardo Duhalde. Pero, sin que implique un desprecio al gobernador, en el gobierno machacan con una distinción: kirchnerismo y felipismo no son lo mismo.

La prueba más cabal de eso se registró la noche del miércoles. El mayor -o más público- de los operadores de Kirchner en Buenos Aires, Carlos Kunkel, prestó su casa de Florencio Varela para intentar la unidad de las desmembradas tribus K.

Es un problema antiguo: desde que asumió la Presidencia, Kirchner nunca logró montar una estructura propia porque sus escuderos no pudieron dejar el carácter simbólico de sus construcciones, siempre precarias.

De hecho, en la actualidad hay varios clanes que publicitan el logo K pero se combaten y mezquinan entre sí. Con la idea de unir esos pedazos, Kunkel sirvió el asado pankirchnerista.

• Unión

El objetivo es fácil de pronunciar pero no de concretar: unir a los K en un núcleo único que sirva a Kirchner como grupo propio. En definitiva, hasta ahora -primero de Duhalde, ¿ahora de Solá?- el Presidente dependió de «ejércitos» prestados.

Si esa costura prospera, la ilusión apunta a que el 23 de octubre la boleta del Frente para la Victoria esté repleta de K puros. Así se explicitó en un cruce de comentarios.

- ¿Y en el arreglo, cómo van a ser la cuotas?
, preguntó Luis Ilarregui, intrigado sobre cómo se repartiría la lista de diputados nacionales si hay acuerdo con Duhalde.

- ¡Qué cuotas ni cuotas! Nosotros vamos por todo con el Frente para la Victoria. El que quiere venir que venga, y el que no que se ponga del otro lado
, exageró Kunkel.

Por eso,
Kunkel llamó a no quedarse quietos. «Hay que laburar para que el arreglo sea lo más favorable posible a nosotros», dijo dando entender que de esos comensales deberían surgir varios de los candidatos a diputados en octubre.

Por eso es útil husmear la nómina de asistentes porque revela quiénes son, según la óptica de los despachos oficiales,
los «sectores puros» de la provincia.

Resaltan dos presencias, no por lo que dijeron -más bien estuvieron callados- sino por lo que representan: los intendentes
Alberto Balestrini (La Matanza) y Sergio Villordo (Quilmes).

Aunque críticos, los dos ficharon en el PJ ortodoxo hasta que saltaron al kirchnerismo.

Hacia
Balestrini -no hacia Solá- desde la Casa Rosada se derivan los llamados de todos los «interesados» en sumarse al armado kirchnerista en Buenos Aires. Rehúsa hablar de eso, pero suena como el top de la lista de diputados.

Villordo
, con terminales en Aníbal Fernández y decl a rado «margarito» -el grupo que venera a Alicia Margarita Kirchner-, fue el primer jefe comunal en animarse a promover en público la candidatura de Cristina Fernández por Buenos Aires.

El resto de la mesa se puede englobar en tres ramas:

• El protokirchernismo que conforman los dirigentes que hace años, antes de que
Kirchner rompa el «techo» de 2% en las encuestas, están junto al Presidente.

Además de
Kunkel (creador del grupo Michelángelo), ahí hay que contar a Luis Ilarregui -de la Corriente Peronista Federal de José «Pepe» Salvini- y a Fernando Suárez, titular del ONABE y promotor, con la venia de Julio De Vido, del Partido Proyecto Popular, bautizado PP-K.

• La rama gremial que une al diputado
Juan Carlos Sluga -que le arrebató una porción de la Federación de Empleados Municipales al ultraduhaldista Alfredo Atanasof-; Rubén «Cholo» García, del Sindicato de Municipales de Avellaneda, que prevé mortificar a otro duhaldista: Baldomero « Cacho» Alvarez; Carlos Gdansky, de UOM de La Matanza, y Oscar Nievas, de Comercio de La Matanza, entre otros.

• Y el ala piquetera que ordena
Emilio Pérsico, líder del MTD Evita, aliado táctico de Luis D'Elía (que no fue invitado). Pero a diferencia del matancero, Pérsico es un declarado peronista que hasta planea encabezar una movilización de 8.000 piqueteros para afiliarse masivamente al PJ.

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