La Legislatura porteña intenta liberarse del tratamiento de proyectos nimios, pero al parecer la composición de la Cámara en múltiples bloques -60 legisladores se dividen en 16 bancadas-lleva a los diputados a una rutina casera que transforma la sesión en una reunión de consorcio.
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El jueves anterior, por caso, presidía el debate Cecilia Felgueras, quien se esforzaba por llevar a votación un pedido de cesión de tierras del ferrocarril para la construcción de viviendas, cuando interrumpió la diputada cavallista Irene López de Castro, con otoñal vestido azul.
«Yo lo que quiero pedir es que se regule la calefacción porque a mí me viene frío», peticionó ante la autoridad de la casa, que de hecho por cierto la ejerce el vicepresidente legislativo, Jorge Enríquez. Este, sentado en su banca, con traje y bufanda bordó, contestó inmediatamente: «Yo voy a hacer ver el tema, pero para mí está agradable aquí, me gustarían que opinen», pidió ante la crítica invernal. Nadie se animó a votar por si hacía frío o calor, pero la oportunidad le vino bien al izquierdista Jorge Altamira, del monobloque Partido Obrero: «Yo quiero que los taquígrafos no abran la puerta, porque ahí sí me viene frío», pidió con soltura antes de pronunciarse sobre el conflicto salteño (eso sí, para los diputados porteños es ya una obligación fir mar declaraciones sobre temas nacionales e internacionales de todo tipo. Lo hicieron por ejemplo tras un extenso debate sobre Colombia y por supuesto sobre Aerolíneas Argentinas).
Chicharra fuerte
Para completar esos asuntos que deben hacer a la calidad legislativa, pidió también la palabra el belicista Enrique Rodríguez: «Yo no quiero que esto se debata, pero lo que está muy fuerte es la chicharra (la usan para llamar a sesión), a mí no me deja trabajar, ya que está, lo digo», tomaron nota los taquígrafos, mientras un risueño Eduardo Valdez, cuyo despacho se encuentra en un ala laberíntica del edificio, acotaba que «en mi oficina no se escucha, por suerte». Enríquez, deprimido, se retiró del recinto ante tanta crítica y ordenó inmediatamente a empleados de servicios generales que continúen con la tarea de cambiar lamparitas, para que nadie se queje de su función.
En el recinto, los diputados pasaron a debatir diversos temas. Aprobaron la cesión de tierras y entre otros despachos que se bautice con el nombre «Merceditas» a un jardín de infantes y que el 20 de agosto de cada año se celebre el Día de Villa Pueyrredón. Constó en actas.
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