La disputa por el "que se vayan todos"
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No apoyan: son los que sostienen que hacer caducar todos los mandatos para reelegirlos juntos es anticonstitucional, porque viola el principio de la Carta Magna de disponer escalonamientos para evitar despotismo. Es cierto que sorprende con debilidad parlamentaria a los gobiernos en el arranque porque su fuerza en las urnas se refleja sólo en la mitad de los mandatos a renovar. También lo es que los políticos argentinos tradicionales han aprovechado esas debilidades iniciales aun de un candidato presidencial muy votado para extraerle cargos en el gobierno o favores políticos, que siempre terminaron destrozando los presupuestos de gasto público por sus elevados déficit. Esto hace que la gente hoy los repudie y muchos clamen, de buena fe, el «que se vayan todos». Pero los analistas, con sentido de lo democrático, consideran que el mal político no puede desvirtuar una buena Constitución, y que debe avanzarse en perfeccionamientos en épocas de cierta normalidad de la ciudadanía para expresarse sin rencores si son circunstanciales. Por eso, aunque un poco tarde, muchas figuras públicas por intereses partidarios pero otros por convicción rectificaron su posición al descubrir la maniobra de las izquierdas de incrementar presencia en cargos sumando descontentos, inclusive burguesías, que distarían, sin tal grado de crisis económica, de los postulados del marxismo, trotskismo y colaterales.




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