El cardenal Jorge Bergoglio estaba ayer exultante.El artífice de la candidatura de Joaquín Piña entrará ahora fortalecido a la 92ª Asamblea Plenaria del Episcopado que sesionará el lunes que viene en Pilar. Sin embargo, y a pesar de los esfuerzos de la cúpula católica por no partidizar la contienda electoral que tuvo al obispo emérito de Puerto Iguazú como principal referente opositor al kirchnerismo, desde el Episcopado advirtieron que pese al resultado victorioso, el fenómeno misionero podría generar una mayor -y no deseada-politización de la Iglesia Católica, así como un debilitamiento de la figura de Bergoglio ante la Santa Sede.
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A una semana de la Asamblea Plenaria del Episcopado, la candidatura de Piña seguirá siendo estigmatizada por el gobierno de Néstor Kirchner como parte de una avanzada del Episcopado en la actividad partidaria, algo vedado para los religiosos. Para colmo, la postulación del cura de Puerto Iguazú había sido defendida por Bergoglio, quien sostiene que se trató de una intervención de carácter exclusivamente institucional en defensa de la democracia y de las instituciones.
El ala más conservadora de la Iglesia creyó que antes de la elección el oficialismo duplicaría sus críticas y embates contra el Episcopado y contra Bergoglio. La polarización Iglesia-oficialismo no tendría marcha atrás, y el ejemplo de Piña podría tentar a otros obispos y curas del interior del país a seguir su ejemplo y a lanzarse al confuso espacio de la oposición política-partidaria institucional. Esto es lo que temen sectores cercanos al arzobispo de La Plata, Héctor Aguer, quien siempre se opuso a que el nombre de Piña figurara en una boleta electoral. El cura platense, referente del ala más conservadora del Episcopado, está enfrentado con Bergoglio y podría pasarle la factura en la Asamblea Plenaria de Pilar, cuando al principio del encuentro los religiosos se dediquen a analizar la realidad nacional del país. Aguer cree que Bergoglio, irresponsablemente, embarcó al Episcopado en la pelea, casi personal, que mantiene con Néstor Kirchner. Y que ahora el Episcopado se enfrentará a un brote incontrolable de curas lanzados a la política.
Desgaste
En el Episcopado también especulaban con el desgaste que la relación Bergoglio-Vaticano sufriría después de las elecciones de Misiones. El cardenal argentino podría quedar más debilitado y expuesto que nunca ante una Santa Sede que rechaza la participación de sus curas en política. Tanto que, casualmente o no, el Papa explicó la semana pasada que a los sacerdotes no les corresponde actuar en ese ámbito. Ahora, el apoyo público de Bergoglio a la cruzada de Piña acentuaría su crisis con el sector del Vaticano comandado por el argentino Leonardo Sandri, que jubiló a Piña justo antes de los comicios misioneros. Sandri suena, además, como posible reemplazo de Bergoglio en caso de que el cardenal sea trasladado al Vaticano. Pero desde el Arzobispado de Buenos Aires se defienden alegando que, por la normativa del derecho canónico, ningún cura puede ser removido de su cargo contra su voluntad.
Con iglesias quemadas en la provincia y un desfile de todo el arco político nacional -socialistas, radicales, macristas y lavagnistas-, además de dirigentes de peso como Juan Carlos Blumberg, la elección de Misiones pone a la Iglesia Católica como el único eslabón capaz de unir a toda la oposición contra un gobernador kirchnerista como Carlos Rovira. Ahora que salió victoriosa la candidatura de Piña, desde el mismo seno del Episcopado temen que se produzca una «avalancha» de curas dispuestos a oponerse a un gobierno que aprobó en el Congreso todos los proyectos que la fe católica no avala: ligadura de trompas, vasectomía, educación sexual, y hasta amagó con despenalizar el aborto.
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