¿Fue él por sí mismo o a pedido del dueño de casa? Difícil de colegir. Lo cierto es que 15 horas previas a la cumbre De la Rúa-Menem, éste recibió en su departamento de La Lucila al ministro del Interior, Ramón Mestre. Cordial y lógico anti-cipo para imponer una agenda, pautas, y evitar lo que parecía inevitable hasta ese momento: un encuentro de alto nivel, pero de circunstancias, para salir en la foto. Aunque, como es obvio, hubo deliberaciones anteriores con personeros de segundo orden.
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Todo comenzó con emoción previa, ya que Ramón Hernández -el casi desaparecido en los últimos tiempos secretario de Menem-le confesó a Mestre: «Nosotros estamos agradecidos porque usted y "Coti" (Nosiglia) fueron los únicos que se comunicaron cuando Carlos estaba en Don Torcuato». Nobleza obliga, el ministro respondió: «Debo decirle que Menem y Antonio Erman González fueron los únicos que me llamaron a mí, del peronismo, cuando perdí la gobernación cordobesa».
Una hora en ese living convencional con vista al río, desde un octavo piso, piso de madera y muchas fotografías de la pareja ocupante (amén de Junior y también Zulemita). Zonceras, algunas bromas y la insistencia de Mestre por advertir que se presentará en Córdoba a competir con José Manuel de la Sota o un sucedáneo (¿una noticia en busca de asistencia o de neutralidad futuras?).
Para que no quedaran excluidos otros gobernadores, también se mencionó a Carlos Ruckauf, hombre que tal vez no genere la mejor de las simpatías en Mestre (seguramente molesto por los ataques habituales a De la Rúa en simultáneo con los hipócritas enjuagues del bonaerense Esteban Caselli con el casero del Presidente, Leonardo Aiello). Deben haber encontrado buen eco esas menciones en Menem. Ni aludieron, en cambio, a Carlos Reutemann: es que éste se ha convertido en el principal y más íntimo interlocutor del ex mandatario.
La visita de Mestre confirmaba el compromiso del día siguiente, el cual Menem -por iniciativa de algunos colaboradores-había decidido postergar: le parecía impropio asistir a la Casa de Gobierno el mismo día en que se realizaba un paro general. De la Rúa, sin embargo, en un diálogo telefónico de media hora con un delegado de Menem que luego no asistió al encuentro, insistió en que la entrevista se hiciera el día de la huelga: esgrimió diversos argumentos, desde la importancia de mostrar que esa jornada se trabajaba hasta la conveniencia de que una algarada gremial no opacara una reunión de presidentes. Pudo convencerlo.
Según el relato, Mestre planteó un proyecto genérico y específico para la entrevista: trascender que se hacía algo juntos, que se reunían para hacer algo en serio, con la decisión de que se cumplieran los mandatos institucionales y en contra de cualquier asonada política (aquí es donde más se habló de Ruckauf). Lo preciso: combinar que Menem y De la Rúa se pronunciaran en contra de cualquier eventual devaluación, considerada por ambos como el mayor peligro para la estabilidad económica y social del país. Trato hecho, aunque Menem filtró que él seguiría manteniendo su tesis de la dolarización, en la cual alguna vez lo embarcara Carlos Silvani y meses más tarde lo robustecieran Pedro Pou y Roque Fernández. Estos, el pasado fin de semana, no parecían técnicamente en condiciones de mantener esa iniciativa -por la caída de reservas-y advirtieron al ex presidente, el cual por doce horas aceptó esas dificultades que finalmente apartó por un informe del economista Steven Handke que le había acercado Jorge Castro con particular velocidad.
Tan plácida fue la reunión que, al día siguiente, casi en broma soslayaron los entredichos y ataques que De la Rúa y Menem se cruzaron en los últimos días, cuando con humor Menem dijo: «A ver, Presidente, si dejan de pegarme con eso de la gestión anterior y la herencia recibida». A lo que el jefe de Estado y Mestre replicaron también con gracia: «Bueno, esperemos también que vos nos dejes de cascotear. Terminemos con las cosas del pasado». Final feliz por una reunión previa, concertada, con un detalle a no descuidar: Mestre lo notificó a De la Rúa de que había estado con Menem en La Lucila por la noche, cuando cenaron juntos en Olivos, novedad que lo sorprendió y en gesto poco habitual, lo agradeció.
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