Eduardo Camaño, actual presidente de la Cámara de Diputados, es un político serio, valiente y hasta tiene la rara cualidad, en esta época, de mantener lealtades. Fue duhaldista y es duhaldista. Además es el único de su sector encargado de refutar apreciaciones de funcionarios del gobierno y del propio presidente de la Nación, algo que requiere audacia y bastante seguridad en sí mismo y en su pasado.
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Pero se equivocó Camaño al decir: «Fue Solá (Felipe, gobernador) quien fundió la provincia». La lealtad debe tener el límite de la verdad que está lejos de esa afirmación. La provincia de Buenos Aires y su importante banco oficial fueron «fundidos» en el período final de la gestión de Eduardo Duhalde como gobernador (esos dos años desde 1997 hasta 1999) y durante los dos años que gobernó Carlos Ruckauf como heredero de Duhalde (desde 1999 hasta 2001) cuando renunció. Al recibir la provincia Felipe Solá, precisamente en 2001 como vicegobernador de Ruckauf, el Presupuesto tenía un déficit de 4.100 millones de dólares, parte de ellos porque se pasaron al gasto provincial las terribles pérdidas sufridas por el Banco Provincia de Buenos Aires por otorgar su directorio créditos políticos a insolventes.
4.100 millones de dólares eran casi la mitad del déficit del conjunto de las 24 provincias. Sirvieron para montar el «aparato partidario» del cual aún el duhaldismo vive. No sólo eso: el déficit bonaerense más los vencimientos con el Fondo Monetario y organismos en 2001 hizo que la gente aquí comenzara a sacar fondos al exterior convencida de que la Argentina financieramente no podía cumplir. Y no cumplió. El 3 de diciembre de 2001 estalló económicamente la Argentina, sobrevinieron el «corralito», la pesificación y la mayor crisis política nacional de toda su historia.
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