5 de septiembre 2001 - 00:00

Lamentable rentrée de Chacho Alvarez incluyendo devaluación

Si alguien no entendía la razón por la cual Carlos Chacho Alvarez decidió integrarse a la sociedad política de Elisa Carrió, quizás en la víspera se anticiparon esas causas: el alter ego de Alvarez, Darío Alessandro -a quien muchos observan como un clon a perfeccionar en varias décadas de su jefe- adelantó por radio que «la convertibilidad no es para siempre» reclamando la búsqueda de condiciones para apartarse de la paridad del uno a uno. Castellano básico: devaluación.

No es la simple y extemporánea opinión de un diputado de la Alianza, simplemente dijo que lo contendrá primariamente un documento económico del Frepaso anunciado para la semana próxima. Lo que se dice, luego del acuerdo con el FMI, una expresión de oportunidad. Eso sí: puntualizarán que la salida de la convertibilidad -según Alessandro-debe ser «ordenada», no vaya a ser que se repita una puerta 12 (aquel trágico encierro a la salida de la cancha de River).

• Nuevo dogma

Como si fuera una expresión de los industriales prebendaristas, el legislador sostuvo que la paridad inmutable de un peso un dólar le ha restado competitividad al país. Le faltaba señalar como modelo el caso brasileño, donde siguen bajando las exportaciones y se reduce el PBI por haber devaluado, acción que el propio presidente Fernando Enrique Cardoso ya confiesa como una medida desacertada. Pero el tándem Alvarez-Alessandro, seguramente basado en las teorías académicas contra el tipo de cambio fijo que estimula la nueva estrella del FMI, Anne Krueger, igual sugiere devaluar y esa idea debe inscribirse en el nuevo dogma económico del partido de la Carrió. Será importante conocer la opinión de la ascendente legisladora en este aspecto para que la población sepa antes de votar lo que ella y su nuevo partner, Alvarez, quieren para la economía del país.

Alessandro y Alvarez, quienes no parecen satisfechos con la ampliación al euro y los planes de competitividad (formas diseñadas por Domingo Cavallo para modificar la convertibilidad), anuncian estos proyectos devaluatorios -en esto son férreos, proclaman- cuando se cumplan los requisitos de absoluta calma financiera y de fortaleza en depósitos y reservas (cuestión que, reconocen, hoy no se cumple). Más combustible entonces para las expectativas, ya que ni toman en cuenta lo que el país ha perdido desde que Cavallo se empecinó con la extensión del euro. ¿No repararon en ese detalle? ¿No vieron la caída de depósitos y de reservas por la falta de confianza en esas medidas? Además, si el dúo persigue la estabilidad financiera, el regreso de capitales, ¿alguien serio puede creer que habrá de lograrse ese estadio con anuncios de estas características?

No es este criterio devaluatorio, sin embargo, lo que molesta en el nuevo partido de la Carrió para el ingreso de Alvarez. El adorado y admirado Alfredo Bravo -al menos por parte de la Carrió-, un hincha de River fanático al extremo, casi un barra brava por ciertas actitudes, se niega a darle la bienvenida tanto al ex vicepresidente como a su esposa, Liliana Chiernajowsky, en atención al desprecio que el líder del Frepaso les prodigara a los socialistas cuanto éstos integraban la Alianza. Le reprocha las actitudes personalistas, cierta discriminación cuando ejercía el poder y hasta le exige algún tipo de disculpa o de arrepentimiento público antes de entrar al sagrado ámbito de su nuevo partido. Hasta tropezó con la Carrió, quien dijo como al pasar que «actitudes mezquinas» habían impedido que la Chiernajowsky hubiese sido candidata a diputada, cuando el propio Bravo argumenta que el veto fue dictado por su partido, por él mismo claro, debido al conocimiento político que tenía del matrimonio. Se inicia una disputa típica dentro de la izquierda, dentro de estas agrupaciones minoritarias, siempre referidas a la figuración y al personalismo -de los cuales Alvarez es un experto-, no al contenido de propuestas tan inconvenientes como sugerir devaluar en estos momentos. La rentrée de Alvarez desnuda rivalidades y, también, fallas de concepto preocupantes.

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