Lanzan una vasta reforma del aparato de inteligencia
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Miriam Horrocks, y su hijo reciben una bandera estadounidense durante un acto en memoria del piloto Michael Horrocks muerto en el atentado a las Torres Gemelas.
Ashcroft demanda, por ejemplo, la ampliación de las escuchas telefónicas a todos los aparatos -convencionales o celulares- que utilice cualquier sospechoso, así como una serie de medidas de inmigración que van a involucrar directamente al Servicio de Inmigración y Naturalización (INS) en la lucha antiterrorista.
Vince Canistraro, ex jefe de la división antiterrorista de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), cree que estos acontecimientos reclaman la creación de una nueva estructura que pueda coordinar actividades para no seguir teniendo lo que él llama «una autoridad dividida».
Una reforma ya puesta en marcha es la incorporación a la Oficina Federal de Investigaciones (FBI) de más norteamericanos de origen árabe, que conozcan ese idioma y puedan colaborar en tareas de inteligencia.
Mientras, EE.UU. se prepara para librar una guerra peculiar. Según ha dicho el poderoso vicepresidente Richard Cheney, la lucha terrorista es «mala, mugrienta, peligrosa, sucia, y nosotros vamos a tener que operar en ese terreno».
«Pienso que uno de los resultados de esta serie de circunstancias trágicas es que vamos a reevaluar cómo operamos y el tipo de gente con la que trabajamos. Si vamos a hacerlo sólo con los tipos buenos, oficialmente aprobados y certificados, no vamos a saber lo que están haciendo los malos», dijo Cheney. «Necesitamos ser capaces de penetrar en estas organizaciones. Necesitamos tener empleados y a sueldo algunos personajes muy infames si queremos ser capaces de aprender todo lo que necesitamos aprender para poner fin a este tipo de actividades», agregó.




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