Larga historia de un breve documento
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Nadie se atragantó con el contenido, salvo Duhalde que, con la amargura habitual que le provoca su ex compañero de fórmula, gruñó: «Me huele que este texto ya lo tiene avanzado el 'Gallego' con Menem». En vista del tono, el resto de los comensales archivó la conversación sobre un congreso de reunificación partidaria, previsto para el 10 de mayo. Lo mismo hicieron con los rumores de que Kirchner podría ser expulsada del bloque PJ por su oposición total al desagravio a Menem (esta cuestión se tocó en ausencia de la santacruceña que había partido rumbo a un canal de cable para castigar al riojano).
«Cómo vamos a hablar de Justicia politizada, cuando tuvimos el caso de Bustos Fierro y la mayoría automática de la Corte», masculló el ex gobernador al repasar uno de los párrafos. Ruckauf sonreía como de costumbre. Los legisladores que se reportan en San Vicente se comprometieron a proponer correcciones a la mañana siguiente. El misionero Ramón Puerta fue testigo involuntario de la escena. Había llegado al local gastronómico para asegurarse de que Duhalde y Ruckauf participaran en la cadena solidaria (a la mañana siguiente, el primero desertó).
Soria y Lafalla trasladaron las inquietudes provinciales, a primera hora del día. Para empezar, objetaron el título «Solidaridad con el ex presidente Menem», y propusieron que se le antepusiera la última línea del «paper». No hubo discusión y, por eso, quedó el encabezado original precedido por la frase: «Para que no se politice la Justicia ni se judicialice la política». Curiosamente, no se la suprimió del final del texto. No se sabe si fue un descuido de quienes transcribieron el contenido definitivo o, simplemente, se trató de dejar pistas para que se supiera cómo se gestaron las correcciones.
El «paper» que leyó Roggero comienza diciendo que «todos los justicialistas unidos venimos a testimoniar nuestra solidaridad con el ex presidente de la Nación Carlos Menem, frente a la injusta situación a que se lo pretende someter». Además, define como una «aberración jurídica» la presunción de que «todo un gobierno, al ejercer sus funciones, puede constituir una asociación ilícita».
«Nos parece extremadamente grave que se intente imputar delitos a un ex presidente elegido democráticamente en dos oportunidades, sobre la base de presunciones o meras sospechas», agrega el documento. «Estos hechos lanzan sospechas sobre el accionar judicial, menoscabando las instituciones del país y desprestigiando a la Argentina ante el mundo», continúa la declaración.
Por último, los dirigentes justicialistas reclamaron que «la Justicia investigue hasta el final cualquier hecho sospechosamente ilegal, pero teniendo en claro la convivencia democrática y la vigencia de la libertad, exigen que no se politice la Justicia ni se judicialice la política».
Indecisión
Eduardo Duhalde cambió de parecer a último momento. Hasta anteanoche, sus laderos y los de Carlos Menem estaban convencidos de que participaría de la asamblea de desagravio al riojano. Hasta tenía la palabra de Eduardo Bauzá y Carlos Corach de que se cumplirían sus exigencias: limitar el acto al Congreso, sin pisar el Consejo nacional que domina el menemismo, además de prohibir las barras y los bombos del Tula.
Ayer, a primera hora, le avisó a su vocero, el diputado José Pampuro, que no asistiría. Pampuro lo había acompañado hasta su casa de Lomas de Zamora la noche anterior y no había dado señales de eludir el convite.
Juró mantener silencio por ahora, a modo de acompañamiento a distancia de la situación (está convencido de que al pedido de indagatoria del fiscal le sobra perfil político, pero no lo convenció la idea de la foto en el Congreso). Envió a sus legisladores y les pidió que se solidarizaran, aunque aclarando que «hay que seguir trabajando en las leyes y garantizar la gobernabilidad», speech que repitió ante todos los micrófonos Mabel Müller, alter ego de «Chiche» Duhalde.




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