5 de diciembre 2002 - 00:00

Las ventajas del poder: Duhalde tiene su Freud

Convencido de su servicio presidencial, el monopolio «Clarín» hasta transmite los sueños de Eduardo Duhalde. Claro que en lugar de resumirlos como quimeras, sostiene que son parte de la realidad política argentina. No le importa si lastiman u ofenden a otros involucrados, menos si confunde la buena voluntad de los lectores. Entonces, como si fuera el diván de Freud, transmite lo que el mandatario narró en la última sesión como graciosa ventura y, por supuesto, descartando las pesadillas. Tal vez, como a otros tantos políticos, al Presidente no le vendría mal un sostén psicológico -algo impensable para un oriundo de Lomas-, solo que elegir una dócil terapia alternativa como la que ofrece el matutino no parece lo más conveniente.

¿Qué desea Duhalde en sus sueños? Sin duda, que Carlos Reutemann sea el próximo Presidente. Bajo su auspicio, además. Lo desea porque estima que el santafesino representa todo lo que él no es -en muchos casos, la admiración pasa por los opuestos- y, además, hasta tal vez legítimamente como ciudadano, aunque sus intereses tan enfrentados con Adolfo Rodríguez Saá y Carlos Menem, quizás le enturbien la visión. Ya que en sus febriles imágenes incluye en forma simultánea el agradable momento de compartir con Reutemann su acceso a la Casa Rosada y, también, el acoso repugnante de entregarle la banda a sus otros adversarios. Esto último, claro, no es lo que combina con José Pampuro para «tirarle a los diarios» (especialmente al monopolio). Solo las ensoñaciones, nunca las pesadillas.

• Asociación secundaria

Completa el viaje casi alucinógeno de Reutemann Presidente la asociación secundaria de Felipe Solá en la fórmula. En esa revelación, sin embargo, se supone que hay un rasgo de vigilia, ya que no todo es sueño: Solá de vicepresidente implica su desaparición de la cartelera bonaerense, el vacío en la gobernación, cargo que tiene reservado para su propia mujer, Hilda Chiche Duhalde, al cual ella aspira con razón para justificar sus futuras realizaciones sociales. O sea, carambola a tres bandas. O bingo de cartón lleno, para referirse a experiencias lúdicas más afines con los bonaerenses de la última década que tan jugosos réditos le han brindado a la política o a sus dirigentes.

• Comparación absurda

Se relata en «Clarín» esta aspiración de Duhalde como si fuera el cruce de los Andes de San Martín, sin preguntarse en la absurda comparación de gestas ni en la voluntad, interés o sueños de Reutemann o Solá. ¿No importan acaso las infinitas negativas del santafesino? Si se reconoce tan diferente a Duhalde, ¿por qué entonces no creer en su palabra? ¿Alguien lo imagina mintiendo? ¿O acaso la franqueza, aún en política, no es la cualidad que lo distingue? Bastaba preguntarle otra vez, como tantas otras, para escuchar su respuesta. Con un dato agravante: si Reutemann se hubiera ofendido en el caso de que Menem lo hubiera convocado como vice, mucho más herido en su integridad quedaría si fuese postulante presidencial del duhaldismo. ¿O acaso lo «que vio y no le gustó» es una simple declaración de circunstancias?

Pueden llenarse los diarios o uno solo como un sumidero. Pero un mínimo respeto podría merecer el gobernador de Santa Fe, también su colega de Buenos Aires, quien repetía mientras se hacía circular la versión de «vice» que él solo se presentará para hacerse reelegir en Buenos Aires. Ni siquiera se respetó esa declaración. Simplemente, Duhalde cuenta sus hedonistas sueños a través de voceros y alguien no menos hedonista los divulga. Convendría notificar que un profesional del análisis, en estos tiempos de carestía, puede brindar atención específica con una tarifa reducida y ubicar al paciente en la realidad. El «año de oro» no es el de Calderón de la Barca.

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