11 de junio 2004 - 00:00

Ley de responsabilidad fiscal tiene hoy más valor que coparticipación

(De la redacción del diario) - Aunque ya sea un clásico el enfrentamiento Kirchner-Duhalde, ayer los medios exageraron la crítica del Presidente a su mentor político. Es cierto que, en determinado momento, dijo sobre Duhalde «¿quién es para decir dónde está la verdad?», mencionó el «club de los retirados» y otras no tan fuertes. Reiteró, además, algo que ya expresó: que le debe agradecimiento para ganar la Presidencia pero que no hubo «acuerdo» que requiera «compensaciones». Pero ésas son expresiones duras muy habituales del primer mandatario y las que más problemas le han traído: le vienen los arrebatos, la furia y la incontinencia verbal, en cualquier momento.

En realidad Kirchner estuvo sereno, casi como dopado, midiendo sus palabras. También esto era lógico porque se arriesgó a un diálogo abierto, sin agenda con los periodistas y sobre temas delicados. Aunque desee fervientemente triturar a Duhalde sabe que la provincia de Buenos Aires es tan difícil como fuerte y que un Congreso para desconfiar en el Senado e insuperable en Diputados por la cantidad de legisladores bonaerenses le puede hacer la vida imposible, salvo que quiera ser el otrora peruano Fujimori que lo disolvió. No está en eso. También sabe que aunque sumó milicias pique-teras propias en la calle, al mando de Luis D'Elía, no puede competir con la cantidad de activistas de los municipios bonaerenses a los que eventualmente se le sumarían contra el gobierno los piqueteros de Castells y otros de ultraizquierda.

No es menor su certeza de que la jugada de «Cristina Kirchner en la Capital Federal o en la provincia bonaerense» no pasa hoy de ser una cosquilla para el duhaldismo. Las encuestas pagas del gobierno le hacen dar 78% y hasta 80% de popularidad para la primera dama pero eso es «por si prende en la gente», pero no internamente para la Casa Rosada, obvio. Entre los encuestadores que no cobran, Carlos Fara (hizo una encuesta un día después que «Analogías») le adjudicó a Cristina Kirchner apenas 38% de aceptación en la ciudadanía. Una encuesta que se le adjudica a la Embajada de Estados Unidos le da unos puntos por arriba de 50% a todo el gobierno Kirchner, incluido el Presidente.

Por eso es tan vital para el oficialismo que logre una nueva ley de coparticipación con el manejo unilateral de fondos del Estado que estima indispensables para su futuro político.

Tanto es así que ayer circulaba una versión de hechos muy significativa. La guerra con los bonaerenses habría sido cuidadosamente planeada, casi como una estrategia, y habría sido lanzada a partir del aumento de $ 150 a los empleados públicos nacionales que ganen menos de $ 1.000, sabiendo que automáticamente complicaría la gobernabilidad en todas las provincias cuyos empleados provinciales y municipales también lo reclamarían, con el agravante que los trabajadores de menos de $ 1.000 son mayoría en sus nóminas.

En cambio en la Nación no (el sueldo promedio del empleado público en el orden nacional es hoy de $ 1.200). Con eso sólo a la provincia de Buenos Aires le complicó la vida en $ 400 millones en el Presupuesto anual (precisamente la provincia reclama una deuda de la Nación de $ 476 millones equivalente a ese monto y la Casa Rosada se la desconoce para no aliviarla).

A este problema con sus empleados, por tal aumento, complican también a las provincias los fuertes vencimientos del año que viene por la deuda emitida.

Se afirma que lo que está haciendo el gobierno es prometer a las provincias ayuda financiera el año próximo sin aclararles mucho qué les exigirán. Con eso logró el gobierno adhesiones impensadas para cercar al duhaldismo. Hasta el gobernador de Tucumán,
José Alperovich, un hombre que le debe mucho a Eduardo Duhalde y quien hasta hace dos meses ni hablaba con el Presidente, salió a decir la frase típica: «No puede haber provincias con soluciones individuales», una cobertura de palabras contra la provincia de Buenos Aires sin querer herir demasiado a Duhalde pero con ello sin privarse del dinero de la Casa Rosada para 2005.

A la reunión de Tucumán donde se presentó el borrador del nuevo proyecto de ley de coparticipación sólo fueron unas pocas provincias chicas. Al posterior encuentro en Jujuy no concurrieron la provincia de Buenos Aires, ni Córdoba, ni Santa Fe, ni La Pampa, o sea 56% del país que, hasta ahí, se oponía al proyecto nacional de coparticipación del gobierno. Inclusive tres gobernadores -Carlos Verna de La Pampa, Jorge Sobisch de Neuquén y Alberto Rodríguez Saá de San Luis-se pronunciaron abiertamente contra la idea Kirchner y hasta se insinuaba un poderoso «eje» opositor de Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba.

Aquí es importante tomar en cuenta otro elemento en juego: al Fondo Monetario le interesa mucho más una ley de responsabilidad fiscal que una nueva ley de coparticipación que, en definitiva, es una cuestión interna entre argentinos. Una ley de responsabilidad fiscal -como tiene Brasil, por ejemplo-pone a los gobernadores y al presidente de la Nación -podría extenderse a cuerpos como la Corte Suprema, el Congreso, etc.- frente a la Justicia penal y la posibilidad de cárcel si gastan más que lo asignado en el Presupuesto votado en un Parlamento. También, por caso, si se emiten «cuasi monedas» («patacones y otros bonos provinciales de triste memoria). En consecuencia la Argentina, cada provincia, o hasta cada organismo se verían obligados a gobernar con racionalidad administrativa.

Sancionar una ley así no es nada fácil: requiere ser votada en el Congreso Nacional y
en cada una de las legislaturas provinciales.

Por esta ley de responsabilidad fiscal, en realidad, almorzaron el lunes José María Díaz Bancalari (presidente duhaldista del bloque del PJ en Diputados) y Eduardo Camaño (también duhaldista y titular de la Cámara de Diputados) con el ministro de Economía, Roberto Lavagna, que conoce el verdadero interés del Fondo en leyes argentinas. El martes, por lo mismo, la vicegobernadora bonaerense, Graciela Giannettasio, se entrevistó con el ministro.

Desde el duhaldismo -que nunca se caracterizó por ser prolijo, medido y sin déficit para gobernar-insinuaron al gobierno oponerse a sancionar esta ley que los «ataría».

Esto hizo avanzar la estrategia de confrontación de Kirchner. Por un lado, limitaba el gasto al Presupuesto en todo el país y cumplía con el Fondo. Por el otro, enfrentaba al duhaldismo. ¿Cómo hace un político, un legislador, un gobernador para oponerse a una ley que evite los desfalcos del Estado y castigue al transgresor con los dineros públicos?

Así comenzaron a ser consul-tados todos los gobernadores, inclusive los de provincias no peronistas. ¿Consecuencia? Hoy sólo está junto a Felipe Solá, Jorge Sobisch de Neuquén, opositor irreconciliable de Kirchner que se ve en vísperas de la elección de 2007 en una fórmula presidencial.

Hasta los que decididamente no quieren ni nunca querrán al kirchnerismo, ya lo dijo este diario, lo apoyan contra los bonaerenses porque saben que Eduardo Duhalde, desde el Congreso, o Sobisch pararán cualquier exceso oficialista (un solo gobernador en contra impide la sanción de una nueva ley de coparticipación).

Sin duda Duhalde intentará pararlo o se arriesga a ser devorado por Kirchner en el reparto de fondos públicos. Hasta teme alguna traición por vía judicial, zona dominada hoy por el Presidente. Felipe Solá se mueve en justificaciones técnicas bastantes razonables aunque haya sido injustamente acusado por Kirchner de que no
«vamos a pagar la burocratización de la provincia de Buenos Aires». Solá posee sólo 30 empleados públicos por cada 1.000 habitantes, en el piso de las provincias, cuando la de Santa Cruz tiene 82 empleados gubernamentales en la cabeza de la burocracia.

Se insiste -de ahí la suavidad salvo arrebatos de Kirchner por televisión-en que deberá haber un arreglo, que posiblemente se encamine vía un cierto mayor porcentaje a Felipe Solá para su provincia pero a cambio de más pingüinos en la lista de diputados bonaerenses para la elección del año próximo y, desde ya, la sanción clave en el Congreso Nacional y Legislatura bonaerense de tal ley. También se lo exigiría en las listas de los gobernadores a los cuales ayudará financieramente. En definitiva, sería una estrategia muy bien planificada por el kirchnerismo mientras Duhalde sigue gozando de viajes y viáticos por su anodino cargo del Mercosur.

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