¿Libertad de expresión ampara todos los cortes?
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El escrito de rechazo de la demanda del Uruguay por
cortes de accesos fronterizos se basa en la falta de daño
económico y en la defensa del derecho de expresión.
La posición contenida en el escrito presentado ante el Mercosur limita ese presunto consentimiento al principio de fondo que se discute: la libertad de expresión de los ciudadanos ante una amenaza de vida o muerte como es este conflicto ambiental.
Es exagerado quizá creer que esta argumentación convalide cualquier tipo de piquete por más que haya sido razonable la crítica a las autoridades policiales argentinas por no intervenir en cortes de calles como ha ocurrido con las administraciones Duhalde y Kirchner. En este último caso, el de los cortes en ciudades por activistas piqueteros, se trató de acciones políticas internas que el gobierno incluso fue acusado de promover con propósitos proselitistas en perjuicio de adversarios políticos. El consentimiento del gobierno se basó en que reprimirlos hubiera podido causar daños más graves que los que producían las interrupciones a la circulación.
No es el caso de esta argumentación en beneficio de la libertad de expresión de los vecinos de Gualeguaychú que han protagonizado una acción cívica sin propósito partidario, sin palos ni enmascarados y con un reclamo sobre una situación que puede ser terminal, como es la eventualidad de la contaminación del aire, el agua y el suelo en donde se proyecta la construcción de las plantas de celulosa.
Aunque sea cuestionable pegar el debate sobre cortes de calles dentro del país y estas interrupciones al tránsito internacional en la crisis de las papeleras, lo cierto es que el escrito argentino compromete al gobierno en otro debate no menos grave: la libertad de expresión. La administración Kirchner protagoniza un debate sin fin con entidades, medios y periodistas sobre su particular forma de entender el derecho de expresión. No dar reportajes sino a periodistas allegados que no repreguntan, preferir la pantalla de programas cómicos que hacen burla del derecho de expresión, no brindar conferencias de prensa, prohibir a sus funcionarios mantener contactos off the record con periodistas (para no mencionar los reproches al direccionamiento de la publicidad oficial, que es otro debate) le han valido críticas al gobierno de actores y sectores que seguramente usarán los contenidos de este escrito en defensa del derecho de expresión.




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