Desde hace un mes las relaciones entre Néstor Kirchner y Gustavo Béliz están cortadas. El Presidente cabalga sobre la idea de que debería deshacerse del ministro e instalar en Seguridad a un hombre del perfil de León Arslanian.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
El secuestro de Cristian Ramaro y la seguidilla de asaltos a restoranes, edificios, garages, maxiquioscos y hasta casos de policías de «gatillo fácil», resulta un feroz azote para la administración Kirchner. Sobre todo porque exhibe una imagen del gobierno desarmado, paralizado y sin respuestas para combatir el crimen, como cuando ocurrió la muerte de Axel Blumberg, en el distrito-vidriera que es la Capital Federal. Kirchner ya dio la orden a sus funcionarios de no atender los llamados de Gustavo Béliz, una táctica similar a la que utiliza con todos los que se pelea.
El ministro se deshace por explicar que el rebrote delictivo es una consecuencia de su política de ataque a los desarmaderos y al desmembramiento de la Policía Federal. Pero sus argumentos no convencen, ni tampoco expresan el mecanismo para hacer bajar el número de episodios delictivos.
Además, Béliz abrió un frentede pelea con los jueces federales (los acusó de ser el foco de la corrupción en la Justicia) que obligó al gobierno a develar el plan para quitar del medio a los jueces Juan José Galeano, Rodolfo Canicoba Corral y Claudio Bonadío. La idea era anunciarlo como el gobierno lo hace siempre: con estridencia. Se buscaba que tuviera un efecto símil al decapitamiento de buena parte de los jueces de la Corte Suprema. Béliz arruinó la fiesta.
Está claro que no es un buen momento para el ministro. Después de mucho tiempo volvió a la Casa de Gobierno. Fue en vuelo rasante para obtener una foto y dar a entender que su permanencia en el Ministerio de Justicia y Seguridad no estaba en discusión. Sin embargo, la continuidad de Béliz obedece más a la intención presidencial de no darle la razón a la prensa echando a su ministro.
En la desesperación por mostrar que está trabajando contra el crimen, el ministro se permitió «robar» un proyecto de Arslanian sobre el control civil de las comisarías. Es decir, la posibilidad de que la gente evalúe el trabajo de los policías. Y como si fuera algo novedoso anunció que premiará económicamente a los efectivos que bajen los delitos de sus barrios, algo que ya había publicitado hace un año cuando presentó su plan de seguridad. Tan viejo, como volver a promocionar la firma de un convenio con Suiza para que acelerar el proceso que permitará obtener información sobre cuentas bancarias en ese país.
Pero hay una señal que indica el tiempo que le queda al ministro. El peronismo apoyó en bloque el pedido de interpelación que impulsó el radicalismo en Diputados antes de las vacaciones de invierno. En la Cámara no habrá perdón para Béliz. Todos recuerdan que a poco de asumir dijo que habían legisladores que cobraban dinero para sancionar leyes. Nunca dio los nombres, pese a que se lo pidieron.
Para colmo, si el ministro llega a perder su cargo, lo esperan en la Justicia con una docena de causas que, algunos jueces dicen, están dispuestos a investigar.
Dejá tu comentario