1 de septiembre 2008 - 00:00

Los Duhalde ensayan todas las geografías

Siempre bizarros, los Duhalde se pasean por el país predicando oposición, pero se dicen superados ya de la política. No son candidatos, pero se mueven como tales. Eduardo en Misiones con Ramón Puerta, Chiche en San Luis con Alberto Rodríguez Saá.
Siempre bizarros, los Duhalde se pasean por el país predicando oposición, pero se dicen superados ya de la política. No son candidatos, pero se mueven como tales. Eduardo en Misiones con Ramón Puerta, Chiche en San Luis con Alberto Rodríguez Saá.
El diagnóstico duhaldista que dice que las eleccionesde 2011 no las ganará el peronismo puso a los herederos de Perón en crisis de pánico. Varias veces durante la semana intentaron reorganizarse guiados por el terror a perder el poder y volver a sufrir como en 1999 la limpieza étnica.

El propio Duhalde se encargó de moderar diagnóstico tan desmovilizador en las 48 horas que pasó en «El Cruce», la casa particular de Ramón Puerta en el yerbatal que tiene en Apóstoles. Duhalde fue a dar el recital productivo ante los misioneros. Juntó a más de 1.000 curiosos en el salón del obispado (el profesorado Montoya) y hubo que habilitar hasta una pantalla de TV para que lo vieran desde afuera. Dirigencia peronista y radical, muchos remisos del kirchnerismo, algunos con vergüenza se quedaron en los pasillos, otros se mostraron en primera fila. Hablaron sólo Puerta y Duhalde, que repitieron su diagnóstico sobre la necesidad de reunir al peronismo y darle pelea a Néstor Kirchner adentro del PJ, aprovechando la interna de noviembre próximo en Buenos Aires, que Puerta querría se repitiera en Misiones, distrito intervenido por el kirchnerismo y en el cual las candidaturas también se deciden a dedo. Es decir, sólo entran los que acuerdan con Kirchner, algo imposible hoy para un Puerta que quiere ser cabeza de la lista de diputados del año que viene.

  • Hombre de pesca

  • Por la noche, Duhalde durmió en la misma casa que alojó antes a otros presidentes, entre ellos, Kirchner (tiene la rareza de un baño sintético; hay que hacer todo al aire libre). Pidió comer dorado. Es hombre de pesca, pero debió recordar la época de veda. Pero apareció el dorado. Lo trajo, presumiblemente del freezer (porque nadie cree que haya quebrado la prohibición de pesca), el restaurantero Marcos Merchensky, hijo de aquel periodista socialista que fue importante en el entorno de Frondizi, y que integró lo que se llamaba la «Usina», el grupo de frigeristas que actuó en aquel gobierno y que integraban Carlos Florit, Arnaldo Musich, Isidro Odena, Ramón Prieto, Cecilio Morales. Habló poco Duhalde en la cena del dorado, acompañado por el titular de Las Marías, Stuart Navajas; el constructor local Carlos Nosiglia (primo de Enrique); el presidente de la Corporación del Sur de la Capital Federal, Humberto Schiavone, hoy en el macrismo; el aportante del dorado, el empresario del transporte «Pepi» Wipplinger y Puerta.

    Duhalde se franqueó menos sobre sus planes entre empresarios, pero fue cáustico con Kirchner, al que cree irrecuperable, él, su esposa y el gobierno. «Cambiaron la estética, pero no el fondo. Así no van a ningún lado.» Como había aire macrista, defendió a éste, aunque negó que fuera su candidato. «El gobierno nacional hace mal en perseguirlo, demonizarlo, arrinconarlo. Tienen que dejar crecer a los nuevos dirigentes. ¿Cómo se va a renovar la política si no dejan surgir a nadie?» También habló maravillas de Julio Cobos; «es un hombre valiente», dijo. Insistió en que los antikirchneristas tienen que dar pelea dentro del partido. «Y si no dejan espacio, habrá que ir por afuera. Pero con un peronismo dividido, pierde el peronismo porque la oposición se va a juntar sola, o la va a juntar la gente en la urna para que perdamos.»

    Negó de nuevo cualquier candidatura, aunque no convenció porque entre hombres de negocios nadie cree que alguien gaste tanta plata y esfuerzos sólo para ver a otros ser candidatos.

    A cada rato organizaba el resto de su vida: llamados insistentes a Chiche González, durante el fin de semana invitada por los Rodríguez Saá a actos por Eva Perón en San Luis, arreglos para irse ayer de pesca; tratativas con sus acompañantes (el vocero Carlos Ben, el secretario Carlos Mao y una estrella ascendente, la jefa de los equipos técnicos del Movimiento Productivo Argentino, Silvina Biasi). Había visto por TV el empate de Banfield con Central el sábado, se resignó el domingo a ver con el dueño de casa Boca-Huracán, antes de partir de Apóstoles hacia un spa que administran los adventistas bajo el rótulo de «Centro de la Vida Sana», pudo registrar (puede ser uno en Gramado, Brasil).

  • Chiche, de peña

    A la misma hora, en otro extremo del país, en San Luis, Chiche atendía por otra ventanilla. Compartía una peña en la residencia del gobernador de San Luis, rodeada de una heterogénea compañía: la ex diputada «Chichí» Doga, Dora María Vernet, Liliana Negre de Alonso, la activista por la seguridad Constanza Guglielmi (de Perl), la menemista Mercedes Landa, la mítica Ester Sarrulla, una de pocas supérstites sobrevivientes del entorno de Evita (junto a Pierina Dealessi, Castiñeiras de Dios, etc.), que se entregaron a recuerdos de la abanderada de los humildes. Cerca, en salón separado, un grupo más extraño, entre quienes estaban los jockeys Valdivieso, Sanguinetti, Abregu, etc., invitados a correr ayer en la reinauguración del hipódromo local.

    Chiche volvió a exponer su teoría del Duhalde « articulador» del nuevo peronismo, pero nunca candidato, algo que allí tampoco nadie creyó. La justificación para su paseo por San Luis era participar junto a los dos R. Saá de un seminario nacional de mujeres jóvenes del peronismo, ante quienes la senadora fustigó el cupo femenino, institución que considera que ha fracasado. Si fuera coherente, debería promover una ley para derogarlo, algo que estuvo siempre en los proyectos que después de votaron. El cupo femenino es una de las llamadas « discriminaciones positivas», o sea, medidas para crear una determinada cultura política. Ese tipo de discriminación tienen que tener un término, y revisar si sirvió para algo. En Mendoza, cuando se impuso hace años (antes de Nación), el cupo se votó por 10 años. En ese lapso se estudio si servía o no, y después se le dio continuidad. Pero parece imposible que alguien proponga en el Congreso nacional que se revise el cupo femenino, que da de comer a tantos (y no a tantas, que llegaron por ser mujer, hija o amiga de). Ni Chiche Duhalde.
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