La furibunda campaña desatada en los últimos tiempos contra el ex presidente Carlos S. Menem, demonizándolo y pretendiendo imputarle todos los males del país desde la Colonia hasta ahora, tiene ribetes tan grotescos que sólo debería mover a risas o a pena respecto de quienes se han constituido en jueces del gobierno de Menem y, por supuesto, en reservas morales de la República.
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Pareciera que el ex presidente no hubiera llegado al poder por decisión popular, que además lo legitimó después de los primeros seis años de su gobierno al reelegirlo con más de 50% de los votos del pueblo argentino.
Y pareciera también que muchos de los que ocuparon altas responsabilidades en el gobierno de Menem, hoy nuevamente en el poder, hubieran experimentado alguna suerte de curación o exorcismo que los purificó de su «contaminación» con el «menemismo».
Ni que decir de los que en su momento prodigaron encendidos elogios, algunos rayanos en la obsecuencia, y que hoy son detractores feroces del ex presidente.
Una prueba reciente de lo que vengo afirmando la constituye la campaña electoral en la Capital Federal durante la cual Ibarra, adalid del Código de Convivencia que los porteños supieron conseguir, no perdió oportunidad en cuanto medio se le cruzara y en la propaganda proselitista para denostar a Menem y a su gobierno.
El pequeño «detalle» que se le pasó por alto a Ibarra, es que ni más ni menos que su compañero de fórmula Jorge Telerman fue uno de los funcionarios que durante más tiempo acompañó a Menem en su gobierno. Por si le falla la memoria o estuvo distraído en la década del '90, me permito recordarle los cargos que ocupó el hoy vicejefe de Gobierno electo de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires: 1989/1991: funcionario de la Embajada de la República Argentina en los Estados Unidos, con rango de ministro. 1991: director general de Asuntos Institucionales de la Cancillería con rango de embajador, artículo 6°. 1991: subsecretario técnico administrativo de la Cancillería con rango de embajador, artículo 6°. 1992: secretario de Estado de Asuntos Institucionales y Técnicos de la Cancillería con rango de embajador, artículo 6°. 1992/1997: agregado de Prensa y Difusión de la Embajada de la República Argentina en Francia. 1998: embajador argentino en Cuba, artículo 5°.
Cabe aclarar que no siendo Telerman de la carrera diplomática, todas las designaciones mencionadas en los 10 años fueron de carácter «político», lo que significa que el designado compartía y representaba las políticas del gobierno del presidente Menem. Pensar lo contrario implicaría hablar muy mal de la persona del compañero de fórmula de Ibarra.
Como no puedo creer que el jefe de Gobierno de Buenos Aires, milagroso sobreviviente del naufragio de la Alianza, no haya conocido los antecedentes laborales de su compañero de fórmula, debo entonces suponer que considera que Telerman debe ser uno de los tantos funcionarios del gobierno de Menem que, como otros que hoy ocupan importantes cargos nacionales y provinciales, han cruzado al Jordán, purgaron el pecado mortal de haber trabajado con Menem y que después de esa «purificación» son aptos para la función pública.
De todos modos, siendo muy extensa la nómina de los que habiendo trabajado en el gobierno de Menem o que le prodigaron en su momento encendidos elogios, hoy reniegan de ello, ya sea por conveniencia política o porque como en la fábula del escorpión y la rana los vence su naturaleza (en este caso de ingratos o desleales), los iremos recordando cuando las circunstancias lo permitan, porque una vez más es cierto aquello de que «la única verdad es la realidad».
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