11 de agosto 2006 - 00:00

Lula cierra campaña con Kirchner

Luiz Inácio Lula da Silva y Néstor Kirchner.
Luiz Inácio Lula da Silva y Néstor Kirchner.
Había imaginado un acto con Néstor Kirchner y Lula da Silva sobre el escenario, reflejo de la alianza táctica y política entre los dos socios mayores del Mercosur, un gesto de fortalecimiento del eje Buenos Aires-Brasilia. Pero, a la vez, un desplante a Hugo Chávez.

Sólo cambió el formato. En vez de un show en un estadio, Kirchner y Lula compartirán un evento más sobrio, de perfil cultural, aunque el mismo propósito: traducir el respaldo de Kirchner a la reelección de Lula que se juega desde el 1 de octubre, en la primera vuelta.

Es útil sondear las razones que llevaron a modificar la escenografía: Marco Aurelio García le transmitió a Jorge Taiana que preferían un evento formal, quizá tibio, en vez de un festival ruidoso. Lo opuesto al circo febril y exaltado a la usanza bolivariana.

Asesor privadísimo de Lula, Marco Aurelio funciona como enlace, junto al dirigente del PT Raúl Pont, para el montaje del capítulo argentino de la campaña electoral de Lula. Fue Pont quien escuchó la oferta de organizar un acto; y García, el encargado de desecharla.

Días atrás, en un club privado sobre la calle Ricardo Rojas, donde en los 80 vivió Italo Argentino Luder -funcionó como comando de campaña doméstico del candidato a presidente del PJ que perdió con Raúl Alfonsín-, Pont cenó con un comité de « amigos» kirchneristas.

Invitó un bonaerense que hizo carrera política en Santa Cruz y ahora es diputado por Buenos Aires: Edgardo Depetri, un kirchnerista pro Lula, que apareció en la escena pública en los últimos días con denuncias para muchos destempladas sobre la amenaza de un complot contra el gobierno.

  • Pronóstico

    En la charla de sobremesa con Pont y en los contactos vía Cancillería se bosquejó el porqué del recelo de Lula a un acto «a lo Chávez» y se escuchó el pronóstico más que sombrío, sobre el futuro electoral en Brasil. A saber:

  • Los miembros del gobierno de Lula y los dirigentes del PT no ocultan en sus conversaciones con los funcionarios argentinos el malestar que existe con Chávez y, sobre todo, la tendencia del bolivariano a pararse en una poltrona desde la que reprocha a Brasilia y a Buenos Aires tibieza en las decisiones, y cataloga peor a Tabaré Vázquez y Michelle Bachelet.

    Lejos de Chávez, Lula apunta al mercado electoral interno y advierte que le puede resultar saludable mostrarse junto a Kirchner, pero que si la foto es en un acto masivo, «a lo Chávez», podría volverse un perjuicio. Por eso, se abortó la idea del show en un estadio y se optó por una cumbre sin estruendo de la que participen los dos presidentes.

  • La fecha está en evaluación, pero se proyecta para fines de setiembre, incluso alguien se tentó con una cita pocas horas antes del 1 de octubre, día de la primera vuelta. Una forma, nada sutil, de romper la veda electoral que ordena suspender los actos políticos de los candidatos. No será la primera vez que Kirchner desafía una regla de ese tipo: en 2005, durante la campaña de su esposa, ignoró de punta a punta la normativa que limitaba la actividad proselitista. ¿Por qué no hacerlo ahora, para auxiliar a Lula? Igual, todavía está en análisis: podría también prorrogarse para mediados de octubre, de cara a una eventual segunda vuelta.

  • Más allá de la escurridizavaluación sobre los votos que puede aportar o espantar mostrarse junto a Kirchner, Lula -según confiesan los hombres del PT con enlaces permanentes en la Argentina- tiene otro interés: fortalecer el eje político que lo une a la Argentina para ningunear al que busca construir Chávez junto a Fidel Castro y, en menor medida, Evo Morales. Más que temor a perder el liderazgo regional, lo de Lula parece una rabieta por el comportamiento del bolivariano. Kirchner comparte la percepción: por eso activó para suspender el acto de Chávez y Castro en Córdoba, durante la cumbre, y ahora frenó un viaje del venezolano que pretendía encabezar un acto en la Argentina el 17 de octubre.   

  • Pero Lula tiene urgencias. El pronóstico electoral de los petistas es casi dramático: el PT, dicen, tiene 20% de los votos, con lo cual Lula necesita ceder ante sus aliados para reelegir y, además, sólo se quedaría con 100 de los 520 escaños del Parlamento brasileño. Es más: el PT se prepara para quedarse sin gobernaciones importantes. Se preparan para perder San Pablo, donde Marta Suplicy debería traspasar el mando a José Serra: el PT prenuncia una derrota estruendosa de un histórico del partido, Aloizio Mercadante. Más -o además- que un lamento, es una advertencia: el PT agita el fantasma de que la derecha brasileña «hará lo imposible por voltear» a Lula y mirar como espejo lo que ocurrió en México con López Obrador. «Van a hacer cualquier cosa para ensuciar la elección», anticipan. Quizá las advertencias llegadas desde Brasil, sumadas a algunos temores internos, expliquen la alerta político-delictiva que lanzó Depetri.
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