25 de marzo 2008 - 00:00

Madres cambian la Plaza por holding

Hebe de Bonafini Inmobiliaria trabajó ayer pese al feriado. La activista se vistió de uniformepara presentar su nuevo emprendimiento de casas pagadas por el gobierno en el barrio deCiudad Oculta (para ella, Ciudad Luz).
Hebe de Bonafini Inmobiliaria trabajó ayer pese al feriado. La activista se vistió de uniforme para presentar su nuevo emprendimiento de casas pagadas por el gobierno en el barrio de Ciudad Oculta (para ella, Ciudad Luz).
Las huestes de Hebe de Bonafini cambiaron ayer la Plaza de Mayo por su holding empresarial para dar clases a los habitantes del edificio «Elefante Blanco», en Ciudad Oculta (el búnker del proyecto de viviendas que administra la militante), sobre lo que significó el golpe militar del 24 de marzo de 1976.

La precaria construcción ubicada en Mataderos parece ser desde ahora la sede de los clásicos exabruptos de Bonafini y de nuevos extraños anuncios de obras que según la madre líder «estarán terminados para dentro de cinco años».

El muy venido abajo complejo «fue tomado por las Madres» (frase textual de Bonafini) a principios de 2006, aún a costa de abundantes críticas de vecinos que sintieron en su momento que se los estaba invadiendo sin consultarlos.

Aquí la Fundación Madres (no confundir con la organización Madres de Plaza de Mayo que preside Marta Vázquez) inició una serie de construcciones de viviendas, así como también la creación de una guardería y un centro comunitario que tiene entre otras cosas una fábrica y un mercado de pastas. Con motivo de esta renovación, Bonafini rebautizó el lugar como Ciudad Luz.

Las Madres repudiaron el advenimiento de Jorge Rafael Videla al poder con el agregado de los crímenes cometidos durante la presidencia de Juan Perón primero e Isabel de Perón después,desde el 74 al 76. Aprovecharon la ocasión, además, para comparar a la clase dominante de entonces con la actual, al sostener que «aquellos que están haciendo el paro en el campo son todos los ganaderos que en su momento apoyaron el golpe de Estado».

Bonafini llegó al lugar a las 17 en una combi blanca, vigilada por más de diez personas del barrio que ellas mismas reclutan para seguridad. Según varios de los vecinos vendrían a ser como «sus punteros barriales» que comandan diariamente los proyectos iniciados por las Madres, así como a los obreros que trabajan para el holding.

Previamente, tres policías con severas instrucciones de Bonafini, irreductible en la orden, habían desalojado la cancha de fútbol en la que jóvenes y niños del lugar disfrutaban del cálido día, en un clásico inconcluso con el marcador 3 a 2 para los de camisetas más verdes, ante los «en cuero». Tuvieron que conformarse con seguir jugando al voley en una cancha más alejada de la entrada del edificio, cerca del puesto de choripán. Ahora sí, ya no habría amenazas para el buen desempeño del acto de Bonafini.

Inmediatamente las 13 madres se sentaron en la entrada del «Gigante» otro sinónimo para el Elefante Blanco y comenzaron a adoctrinar a los residentes del barrio.

Luego, en fila, fue el turno del besamanos a las «empresarias», mientras se amenizaba con el clásico «Comandante Che Guevara».

Con una enorme inversión en pantalla detrás y una gigantografía que recordaba a muertos de la represión militar, Bonafini comenzó a enseñarles a los habitantes del barrio qué era lo que se conmemoraba en el día de ayer.

«Este día es necesario para sentir el asco más grande por los milicos y por la clase dominante», fue el dicho « aleccionador» que brindó la aliada del gobierno nacional, a las 250 personas que se habían acercado para su discurso. A medida que avanzaba el mensaje, los aplausos fueron cada vez más tibios, hasta directamentedesaparecer. Era la tarde y una mesa con viandas esperaba. Pero antes, había más de Bonafini.

«Los retardados de la leche y de la carne también se sumaron al paro. Muchos me dicen: «Pero son los medianos y pequeños ruralistas». A mí no me importa. Los amigos de mis enemigos son también mis enemigos», disparó con poca lógica, quien lidera las actividades en ese lugar, con financiamiento kirchnerista.

Vinieron luego los clásicos halagos a Kirchner y sin seguramente pensarlo esbozó sorpresivamente «que hay que terminar con los bolsones de comida y con los planes Trabajar. Sólo sirven para que se beneficien más y más los poderosos». Se le pasó que los planes trabajar son subsidios que se brindan en su mayoría a los piqueteros adeptos a Cristina de Kirchner y a su esposo Néstor, quien en las últimas semanas hasta les ha dado cargos en el gobierno para que cambien la postura original de no acompañar al ex presidente en su operativo clamor por la jefatura del PJ.

De una forma similar a la Presidente, Bonafini anunció a los gritos nuevos emprendimientos en el «Elefante Blanco», entre los que se destacaron la creación de un hospital odontológico y una escuela primaria, secundaria e industrial. Como si fuera poco, la pantalla gigante que se encontraba detrás de la mediática madre mostró, hacia el final del acto, un DVD que pasaba imágenes de lo que sería el complejo en cinco años.

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