Con la llegada de Margaret Thatcher al gobierno, Lord Carrington asumió como secretario del Foreign Office. A su vez, como subsecretario de Asuntos Latinoamericanos, fue designado Nicholas Ridley, un personaje aséptico y fiel creyente de la política económica de la primera ministra. Su participación fue la última ocasión para evitar un conflicto armado. En junio viaja a Buenos Aires y el 12 se entrevista con el subsecretario Cavándoli. En julio visita Puerto Stanley. En Malvinas observará el estado de irrealidad que vivían los isleños. Allí discutió con los isleños sobre las ventajas de cooperación con la Argentina, aunque aclaró que ninguna solución será posible sin un visto bueno de los kelpers. Observó: "Plantean (los isleños) una amenaza completamente desproporcionada en relación con su tamaño". Al volver de las islas vuelve a conversar con Cavándoli, acordando reponer a los embajadores (que habían sido retirados en 1976). Pero Ridley madura un plan que trata de satisfacer a unos y a otros. A grandes rasgos, es la entrega de las islas a la Argentina y un posterior contrato de arriendo ("lease back") a los isleños por un período definido. La Argentina lograría una titularidad legal, aunque simbólica. En 20 de setiembre de 1979, Lord Carrington presentó a Margaret Thatcher y al Comité de Defensa un memorando que recomendaba las conversaciones entre diplomáticos a fin de explorar soluciones políticas y económicas "sin compromisos y sin apurar el asunto". También advirtió que la Argentina podía ocupar militarmente las islas y que estaba en capacidad de hacerlo. El informe contiene tres opciones:
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- La fortaleza Falklands. - Negociaciones sin concesión de soberanía.
- Sustanciales negociaciones respecto de la soberanía. 70
A fines de los años setenta se hacen sentir las restricciones económicas a la Armada Real, en especial al mantenimiento de sus fragatas "Leander", y los sueldos del personal son tan bajos que muchos optan por no embarcarse para tener un segundo trabajo.
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